Uno de los argumentos más clásicos –clásico como antiguo y muy citado– a favor de la filosofía es esa frase de Aristóteles apuntando que, cuando uno intenta justificar la inutilidad de la filosofía, ya se está sirviendo de ella. Claro que no es lo mismo la Atenas del s. IV a. C. y el alba del lógos que nuestromestizo s. XXI, doliente por las revoluciones fracasadas y obsesionado por la división y subdivisión del trabajo. Hay tantas ciencias como catedráticos y la filosofía está sometida a la misma lupa clarificadora: est lógica, esto retórica, esto metafísica. El estudioso se realiza profesionalmente con tal labor de discernimiento mientras el viento de la Historia va barriendo el pensamiento filosófico de los planes de estudio de Secundaria. Si es que alguna vez estuvo allí.
Le preocupa, dice y se ríe, irse por las ramas, por esa manía suya de acabar relacionando “que uno plante una cebolla en su casa y que toque la guitarra, con la Unión Soviética”. La conversación es un viaje por muchos lugares y él, mientras tanto, no se casa con nadie. Como el Bob Dylan que retrató Martin Scorsese, Pablo rechaza ser el profeta de otros y, aunque se muestra simpatizante de Podemos, le molestó que su cara apareciera como imagen de la campaña del partido en Asturias sin su consentimiento. El episodio recuerda a su demanda contra La Sexta (Atresmedia) por utilizar su canción A veces la vida es hermosa para promocionar una serie sin preguntarle; cosa que le hizo enrolarse en una disputa con la SGAE por los derechos de los autores.
No he vuelto a ver tantas juntas, nunca tan numerosas. Poco a poco, desplazaron a la gente hacia las otras salas, que de tan apretada apenas podía moverse. En mi delirio todo se fue convirtiendo en un caleidoscopio en movimiento. Ramos y coronas para mi llanto; cartuchos blancos para calmar la sangre de mis ojos. Crisantemos en la pituitaria inflamada. Dolor. Llegaban unas seguidas de otras. Así también sus alumnos de hace veinte, quince, ocho años. Sus alumnos de hace tres días.
Al borde de la tranquila majestad del Ring vienés se extiende, en piedra y hierro, el victorioso corazón del Imperio. El Hofburg es un complejo gigantesco para albergar la circulación de corte y ejércitos, un palacio que, como la fe y la enfermedad, se prolonga durante kilómetros tomando diferentes formas. Desde el Ala Suiza (en cuyos frisos doradas calaveras de toro evocan la filiación bohemia del poder austriaco, y cuya puerta está amorosamente vigilada por la estatua de un césar anónimo) las estancias se han reproducido prósperamente, engullendo a su paso bibliotecas y monasterios hasta 1918. Ahora descansa. El Hofburg se ha convertido en un organismo satisfecho, un animal plácido que, tendido en la Plaza de los Héroes bajo los cielos de Viena y Europa, se deja acariciar por turistas llegados desde el otro extremo del mundo.
Quizá sea de un músico de quien más concreción y tecnicismo se espera a la hora de definir estos tres términos. Pero los he experimentado y sentido de formas tan diversas, que casi me sucede todo lo contrario: hablar de estos tres pesos pesados, hermanos y rivales, dependientes y a la vez excluyentes, me produce vértigo. Así que si lo que espera el lector es una definición en la que imperen clarividencia y frialdad, le diré que puedo contar por decenas las veces que de boca de profesores, compositores y directores escuché un “el silencio también es música”. Empezamos mal.
¿Cómo va el verano? Istmos ha viajado por el mundo entero para saber cómo suenan las palabras de nuestro número –Silencio, Armonía y Estruendo– en diferentes lenguas, y este es el resultado. ¿Cuántas de ellas sois capaces de identificar? Estas son, por orden de aparición y para que las podáis identificar, las lenguas que suenan: castellano, árabe, ruso, coreano, portugués, búlgaro, inglés, chino, italiano, húngaro,francés, japonés, rumano, inglés.

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