Bloques erráticos


Errático, del latín errare, vagar, andar sin rumbo, apartarse completamente de la norma o del modelo habitual. En geología, bloques erráticos son fragmentos de roca relativamente grandes que difieren por su tamaño y tipo de composición y que han ido a parar a los lugares más remotos, allí donde la evolución de la tierra quiso que hubiese glaciares. Hasta en el mismísimo Central Park en Nueva York encontramos hoy en día estos bloques.


Bloques erráticos será un espacio en donde poder escuchar a algunas de estas personas errantes, en muchos casos acosadas a lo largo de la historia solo por ser y mostrarse, por desviarse. Gente errática que desde hace décadas e incluso siglos sufre acoso por motivos que hoy se encuentran en el centro de nuestra sociedad y nuestra discusión y que afectan a todo el mundo. La etnia gitana, símbolo viviente de un mundo sin fronteras; las personas afroamericanas, herederas de la lucha de esclavas y esclavos; las mujeres, sustentadoras de la vida, la tierra y la familia; las personas transexuales, repudiadas en sus propias casas y en una batalla constante a pie de calle por lograr la igualdad más allá de etnias, géneros y religiones; la comunidad árabe, criminalizada desde hace décadas seguramente por haber sido capaz de frenar al capitalismo como sociedad; y la comunidad asiática, esa gran desconocida para tanta gente.


Bloques erráticos será un espacio donde dar voz a estos grupos cuyas formas de vida y avatares pueden hoy enseñarnos muchas cosas y guiarnos en el proceso de imaginación de nuevas formas de vida y resistencia. Grupos que permiten que aún hoy podamos imaginar un mundo sin fronteras, diverso, heterogéneo, sensible y alerta frente al avance del fascismo actual. Colectivos en primera línea de batalla, al frente de luchas de carácter internacional que nos atañen a toda la humanidad, y a los que generalmente hemos dejado de lado.


Reparación y reconciliación son los objetivos de esta sección que da comienzo con la ilusión de que podamos establecer lazos de apoyo mutuo tan necesarios hoy en día para soportar una embestida frente a la que únicamente cabe resistir a través de una lucha que indefectiblemente tendrá que ser feminista, ecologista, pacifista, derivista e intercultural.



A lo largo de la Historia se ha “manejado” y utilizado la imagen de los gitanos relacionándola mayoritariamente con el folklore, lo andaluz, cuando no con fábulas y mitos. Un ejemplo claro lo encontramos en De Vaux. Cuando afirma que “ya no faltaba sino presentar a los cíngaros como seres extraterrestres, caídos de algún planeta a la tierra para llegar a ser los Hijos del Viento”. Está clara la utilización y la distorsión de la “imagen” de un pueblo en aras de invisibilizar y no reconocer una identidad étnica, con el objetivo de poder seguir legitimando la necesidad de tutela, caridad y paternalismo.

El debate público sobre la tortura ha quedado limitado por la convicción generalizada de que la democracia es intrínsecamente americana y de que cualquier estrategia diseñada para proteger o defender la versión americana de la democracia es legítima. Otro problema con este debate es que la versión americana de la democracia se ha ido convirtiendo cada vez más en un sinónimo del capitalismo, y el capitalismo ha ido definiéndose cada vez más por su capacidad de extenderse por el mundo. Esto es lo que ha encuadrado la discusión en torno a la tortura y ha permitido que los dilemas morales sobre esta se expresen junto con la idea de que ciertas formas permisibles de violencia son necesarias si queremos preservar la democracia americana, tanto en Estados Unidos como en el extranjero.