Azar etimológico

Al igual que la patafísica —ciencia de las soluciones imaginarias ideada por Jarry y festejada por dadaístas y surrealistas—, la etimología tiene algo de disciplina fortuita, de ciencia casual, de juego caprichoso. Hacia el año 633 de nuestra era, Isidoro de Sevilla apuntaba: «Nuestros antepasados no impusieron nombre a todas las cosas considerando la naturaleza de estas, sino que en ocasiones obraron a su antojo, del mismo modo que nosotros, a veces, damos a nuestros siervos y posesiones un nombre según nos place» (Etimologías, I, 29, 2).

De las incidencias del azar en la etimología da cuenta el origen mismo de la palabra AZAR, procedente del vocablo árabe zahr, «flor», en referencia a la flor (de azahar) que se pintaba en una de las caras del dado como signo de lance desfavorable en el juego. ¿Qué conexión cabría establecer entre la floración del naranjo y la adversidad en el lanzamiento de dados? ¿Acaso los jugadores acostumbraban a cruzar apuestas bajo sus ramas de hoja perenne, y el viento depositó una flor de azahar en algún cubilete? La genealogía de la voz latina homóloga, ALEATORIEDAD, es mucho menos enigmática, pues deriva directamente del término alea, «dado». 

El azar puede hacer zozobrar cualquier empresa, pero sin su intervención ni siquiera estaríamos vivos. Esta última frase es casi un AFORISMO, sustantivo derivado del griego aphorismós, a partir de aphorizo, «separo, defino», y este de horos, «mojón, hito». Los mojones kilométricos registran la memoria incierta de lindes y distancias, transmiten las coordenadas esenciales del tiempo y el espacio. Aforismos: breves advertencias para el camino. 

Muchas de las páginas de mi viejo ejemplar del diccionario etimológico Corominas están señaladas con post-it, esos trocitos de papel equiparables a livianos, pero indelebles, mojones metafísicos, postes indicadores que jalonan las rutas del espíritu. Me detendré en cuatro. FAMILIA: Del latín famulus, «sirviente»; originalmente, «conjunto de esclavos». Pocas cosas tan familiares para el ser humano como la conciencia de su servidumbre, el sentimiento de su condición menesterosa. La idea misma de libertad nace de la experiencia universal de la realidad como campo de refugiados. Sin embargo, existe el verbo JUBILAR, del latín jubilare, «lanzar gritos de júbilo», «regocijarse». Jubilarse significa terminar de pagar nuestras deudas con la comunidad, con la familia, y comenzar a saldar las contraídas con nosotros mismos. Las etapas que siguen a la jubilación son vertiginosas, pero —si el azar quiere— el descanso final, el sueño eterno están garantizados. DIFUNTO: del latín defunctus-defungi, «pagar una deuda». CEMENTERIO: del griego koimeterion, «dormitorio», derivado de koimáo, «me acuesto».

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