Ciao amor sufrido

Bienvenidos al caos aparente del amor, donde el esfuerzo requerido es proporcional a lo perdidas que nos encontramos, pues háganse a la idea de que quienes escriben, hasta hace dos meses desconocían el asunto. Por casualidad nos topamos con términos como “relación abierta”, “poliamor”, “anarquía relacional”, “ética promiscua”, “libertad sentimental” o “crianza alternativa de los hijos”, que pasaron de ser completos desconocidos a temas habituales de conversación.

En los últimos meses le hemos declarado la guerra al amor sufrido y hemos caminado por los enrevesados caminos que proponen Píkara y Brigitte Vasallo, acudimos al blog de Coral Herrera con la que también conversamos, al igual que con Miguel Vagalume; nos hablaron de Juliette, Roland y Laurel que crían a un niño en la sana práctica del amor y, además, nos insistieron en que esta forma de relacionarse, de la que poco sabíamos, no podía separarse de la lucha política.

Las críticas también estuvieron presentes alrededor de la práctica de las relaciones abiertas, el tema de los celos fue omnipresente y la acusación de que éstas no acaban con los problemas de la pareja monógama, constante. Fueron muchas las referencias y menos, aunque existentes y exitosas, las experiencias que llevaron a plantearnos:

¿Podemos irnos del amor romántico?

Nos creemos que no hay pasión sin sufrimiento y por eso nos gusta vivir el dramón como en las mejores telenovelas. Nos embarcamos en relaciones tormentosas y en eternas luchas de poder entre nosotros porque no sabemos construir relaciones sanas, bonitas, libres e igualitarias”, apunta la investigadora Coral Herrera en uno de sus artículos.

En su blog, Herrera presenta a lo romántico como político, insiste en que “ningún amor es ilegal” y en que “otras formas de quererse son posibles”. Asimismo, trata de desmontar los mitos de Don Juan Tenorio, de Disney, los príncipes azules, Romeo y Julieta o tantos otros referentes ligados al romanticismo y al amor más pasional de los que se queja porque “la realidad es siempre diferente a la ficción romántica”.

Por su lado, la periodista Brigitte Vasallo se vale de otra definición: los amores Disney. Según explica en su artículo “Por una revolución de los afectos”, no se trata de estar contra la idea del romanticismo - de “velitas y fines de semana de revolcones frente a la estufa”- ya que, para Brigitte, todos queremos dichas escenas amorosas. “El veneno no está ahí” -asegura- “sino en el siguiente paso, la transformación de eso en un amor Disney”.

Pese al cambio de término, Vasallo centra su crítica en el “ideal romántico que tenemos totalmente naturalizado” al haber sido “bombardeadas desde el nacimiento mismo a través de todos los cuentos infantiles, de todas las películas, de toda la música, de toda la literatura que no ha sabido poner en duda el modelo” sino que se ha dedicado “a narrar sus consecuencias”.

“Toda nuestra producción cultural está impregnada de monogamia, de patriarcado y de heteronormatividad. El amor y el desamor, que son lo mismo, al fin. La trama ultra sabida de chico encuentra a chica, flechazo, aparición de un tercer elemento en discordia, siempre en discordia, y dramón al canto. Y vamos naturalizando que el dramón es la única salida, la única respuesta, la única manera de vivir el amor”, ataca.

Pese a lo poco extendido del debate fuera de un pequeño círculo que convierte su cambio personal en una muestra para cambiar el paradigma, son muchos los que hablan sin tapujos de sus experiencias personales, también como una forma de reivindicación.

“Es una forma de cambiar lo que está a nuestro alcance, para hacernos más libres frente a la educación que hemos recibido, frente al yugo que supone la Iglesia”, nos contaba Coral Ortiz fotógrafa vecina del barrio madrileño de Lavapiés quien considera que lo importante en este caso no es el final del trayecto, sino el camino que se recorre antes.

Para Coral, se trata de una sencilla cuestión de sentimientos, “abordar qué es lo que quieres ser, que también es una forma de activismo político” con el objetivo de encontrar “vías de cambio personal” y obviar la asfixiante y a menudo poco fructífera lucha contra el sistema.

En ese sentido, coincide con la teoría del co creador de Golfxs con Principios Miguel Vagalume, traductor al castellano de la considerada por muchos como una “guía” para adentrarse en el poliamor, Ética promiscua de las estadounidenses Dossie Easton y Janet W. Hardy.

Vagalume sostiene que el poliamor -“que cada día cuesta más acotar en una definición cerrada”- deriva de un cambio en la mentalidad de uno mismo, que se trata de una “consecuencia” de un trabajo personal de cada uno en el que se rompe con tabúes, con estructuras mentales, prejuicios y trabas sociales.

¿Es el poliamor una alternativa real al amor romántico?

“Si no hay ese trabajo previo de olvidarte de Romeo y Julieta, de la posesión, del amor que te completa, no podrás tener una relación abierta, no podrás ver lo bueno del poliamor”, explica Miguel, acostumbrado a que este tema ocupe gran parte de su tiempo.

Cuenta que es una conversación que tiene con mucha gente de su alrededor y que “la gran mayoría suele tener una respuesta positiva” cuando se habla de relaciones sentimentales abiertas, aunque reconoce que aún hay mucho reparo ante las prácticas de sexo no convencional como el Swinger -intercambio de pareja- o el BDSM -Bondage, Disciplina y Dominación, Sumisión y Sadismo; y Masoquismo-.

En un sentido más teórico, el traductor de Ética promiscua explica que una relación poliamorosa es aquella “entre dos o más personas en las que todos los miembros tienen pleno conocimiento de las relaciones de los otros y están de acuerdo con la situación”.

Vagalume precisa que en este tipo de relación todos opinan y ponen las reglas, y puntualiza que el concepto es cada vez más amplio así como que existen diferentes tipos de “escuela” de poliamor, en las que aparecen relaciones primarias y secundarias o en menor medida relaciones compensadas entre más de dos personas.

“Hay que revisar la historia que nos han vendido de tener una pareja principal y única en tu vida, pero sin dejar cadáveres por el camino”, comenta mientras recuerda que si “no te replanteas cuestiones de base, sólo tendrás varias parejas, que es algo que se hace desde siempre, no es más que ser infiel”.

Lo que no resuelve el poliamor

Una de las actividades periódicas de la comunidad formada por Golfxs con principios son charlas con expertos en temas relacionados con las relaciones abiertas y el sexo no convencional. Éstas pasan desde asesoramiento jurídico sobre nuevos modelos de familia a talleres para resolver los problemas heredados de las parejas monógamas.

“El tema de los celos es recurrente, hay que aprender a bajarle el volumen, saber que no te dan derecho a nada, a mirar sus cosas, su teléfono… Es tan sencillo como comunicarte con tu pareja o con tus parejas”, orienta Miguel, quien apostilla: “la clave está en hablarlo, si no lo puedes hablar, malo”.

Pese a que para Miguel el poliamor, que él también practica, es una de las grandes alternativas al amor romántico, reconoce que no resuelve los problemas de la pareja monógama: “Intentar no tener celos es como luchar contra la tristeza, es harto improbable. El objetivo a alcanzar es el de conseguir bajarles la intensidad, hacerlos lo más racionales posible”.

“Se trata de hablar, hablar y hablar con tu pareja”, indica Miguel tras insistir en que una relación poliamorosa también “puede ser disfuncional” y, por ende, dar lugar a “la misma basura que el amor romántico”.

Sobre las falsas bondades del poliamor, Miguel Vagalume advierte: “no es una cuestión mágica”, “el poliamor no te garantiza nada, el problema surge cuando estás en una relación poliamorosa y no has hecho antes los deberes”.

También Vasallo aboga por construir relaciones fuera del sistema monógamo y reivindica un amor basado en “los afectos”, sin dramas ni culebrones, sin victorias amorosas, relaciones en las que no haya ni conquistadores ni conquistados.

“El amor no es el rayo que te parte, no es la flecha de Cupido. Eso es la atracción. Una atracción que se puede convertir en infinitas maneras de relación. Y que descarga de la obligatoriedad y de la necesidad de ser ‘la mejor’”, escribió en un artículo publicado por el periódico Diagonal.

Vasallo subraya en el mismo texto que en el amor “no hay contienda, no hay competición. No hay guerra” y sugiere que “si somos capaces de crear esta propuesta desde nuestra parte más frágil, que son los afectos, trasladarla a todos los demás aspectos de nuestra vida no debería ser tan complicado”.

“Parece una propuesta irreal, pero no lo es. Es tan real como lo fue cuestionarnos el género binario, salir del esquema dual y empezar a transitar otras formas de identidad en las que muchas, para nuestra sorpresa, nos hemos ido encontrando, descubriendo, deconstruyendo para descubrir lugares nuevos desde los que ser y estar. Es tan real como pararse un momento a pensar y volver a mirar de frente a nuestros afectos y a nuestros amores”, invita la escritora.

Y mientras muchas se muestran convencidas de lo posible ante la dificultad de romper con siglos de mitos y tabúes, también reconocen lo arduo de la tarea. “Aún queda muchísimo por recorrer, nosotras estamos aquí hablando de esto tan tranquilas, con toda la apertura del mundo, pero somos el 10%”, comentaba Coral Ortiz aferrada a su té verde en una fría noche de enero en Madrid.

Para la fotógrafa, la educación aún guía a las mujeres a seguir por el camino del segundo plano, de esperar junto a sus parejas -hombres- a que les llegue su momento para brillar: “hay que romper con muchas cosas, con esa idea del príncipe y la princesa, y con el drama telenovelesco de los celos, la posesión…”

Subraya que al poliamor hay que enfocarlo desde los sentimientos -“desde lo que cada uno es”- y que tan solo se trata de acoger a todo tipo de relaciones, entre hombres y mujeres, entre jóvenes y mayores. “Se trata de amarse, no hay mucho más”, sentencia.

“Hay que estar preparado para recibirlo, para poder tener una relación. No es tan sencillo, los problemas de una relación monógama no desaparecen de repente porque estés con dos personas a la vez”, aclara.

Y entre tanto poliamor, la anarquía relacional

Los que han tenido éxito en esta historia del “escurridizo” poliamor -como lo define Vasallo- apuntan a un trabajo previo, de fondo y donde la paciencia así como las cesiones por todas las partes son imprescindibles para llegar a buen puerto.

También apuntan a que no es necesario tener una relación de más de dos personas para tener una vida poliamorosa. Así, Vagalume señala que una pareja puede también creer en el poliamor aunque no lo practique de facto.

Asimismo, Vagalume que también incide en lo difícil de definir el concepto, revela que el poliamor se manifiesta en diferentes formas, tal y como escribieron las autoras de Ética promiscua.

Hay familias formadas por tres personas que no tienen por qué tener una relación entre las tres, un ejemplo son los citados Laurel, Juliette y Roland; hay relaciones de amistad que viven con la misma intensidad que la de una pareja y hay comunidades que crean un escenario compartido en el que varios núcleos familiares conviven como microsociedad.

“A veces tienes una persona con la que quieres pasar veintitrés horas al día pero no quieres tener sexo con ella, no tienes por qué tener el paquete completo”, ejemplifica Vagalume, quien precisa que ese tipo de amistad “puede ser tan intensa como una relación de pareja” y asegura que “también eso es poliamor”.

Además, sugiere que ya hay un nuevo término cobrando fuerza entre los que practican las relaciones abiertas, la “anarquía relacional”, a la que muchos aluden como un poliamor más genuino y libertario.

El término, acuñado en 2006 por la activista sueca Andie Nordgren a través de un escueto pero directo manifiesto Relationsanarki i 8 punkter, ha sido además estudiado en varias tesis universitarias y tratado en conferencias académicas.

Si bien podría considerarse como una rama del poliamor, la anarquía relacional no cataloga los tipos de relación que una persona puede llegar a tener. Así, no diferencia entre amistad o relación de pareja, indistintamente de la existencia o no de sexo. El citado manifiesto contiene nueve puntos (inicialmente eran ocho) y comienza con una contundente declaración de intenciones: podemos amar a muchas personas y cada relación es única.

Irse del amor romántico y no morir en el intento

“Es mucho más fácil ser un carca, te trae muchos menos problemas”, hemos pensado varias veces en los dos últimos meses, mientras intentábamos dibujar una ruta más clara y algo menos tortuosa al poliamor.  

Todo parecía indicar que si difícil es tener una relación sana en la forma tradicional monógama, aún más complejo lo sería con más de una persona a la vez.

Son muchas las cadenas que aún nos atan a la monogamia: los celos derivados del sentimiento de posesión que habita en nosotros cuando nos enamoramos, el hecho de ser una propiedad exclusiva de otra persona, la unidireccionalidad del amor, la menor importancia del amor cuando éste nace de una amistad, así como el concepto de la media naranja, del estar “completo” cuando estás inmerso en una relación de pareja o que una ruptura tenga, siempre, que ser dramática y apocalíptica.

La tradición quizá sea la más poderosa de las cadenas, además de la complejidad de hacer algo de una manera diferente al ritmo impuesto por la corriente de un torrente. Pero también son variadas las que nos anclan a no relacionarnos de una manera más humana y menos pasional, sin necesidad de partirnos la camisa por amor o por desamor, y sin que con ello nos olvidemos de los cuidados, del cariño.

El poliamor, dejar atrás el amor romántico o hacer de la anarquía relacional una premisa válida son algunas de las fórmulas que piden oídos para aquellos que se vean preparados a remover su tradicional forma de relacionarse.

Sin pretensiones mayores que las de llevar a cabo un cambio de mentalidad, que podrá derivar en una forma de activismo político basado en la importancia que se da a los sentimientos y a las relaciones que forman el día a día en el que sobrevivimos.

Educarnos y pensarnos fuera de las premisas impuestas y cotidianas de la posesión, los celos, los arrebatos pasionales, la tipificación de las relaciones o la permanente sensación de vacío que persigue a quien no tiene pareja formal, con su perro, su hipoteca, su coche.

Ir más allá, irnos, porque a veces es mejor tomar la calle del medio y qué mejor ruta que una elaborada por nosotros mismos, en la que estén presentes quienes nosotros deseemos. Un camino hecho de baldosines escogidos, colocados a nuestra manera, esa que nos marque el destino al que queremos llegar.

Nos hemos ido del sufrir y sea la opción que sea que alcancemos, hemos de apostar por una de las premisas con la que Acción Poética inunda tantas ciudades latinoamericanas, procuremos “un amor que valga la alegría y no la pena”.

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