Cuando crees que me ves no soy yo

A lo largo de la Historia se ha “manejado” y utilizado la imagen de los gitanos relacionándola mayoritariamente con el folklore, lo andaluz, cuando no con fábulas y mitos. Un ejemplo claro lo encontramos en De Vaux. Cuando afirma que “ya no faltaba sino presentar a los cíngaros como seres extraterrestres, caídos de algún planeta a la tierra para llegar a ser los Hijos del Viento”. Está clara la utilización y la distorsión de la “imagen” de un pueblo en aras de invisibilizar y no reconocer una identidad étnica, con el objetivo de poder seguir legitimando la necesidad de tutela, caridad y paternalismo.

Cuando hablamos de la imagen de mujer gitana, la cosa empeora. Las gitanas aparecemos a lo largo de la Historia y actualmente en los medios de comunicación, de tres maneras muy significativas. La primera y más explotada en los programas de televisión moderna –ejemplos son Palabra de gitano o Mi gran boda gitana–, es la caricaturización como seres grotescos sin sentido de la moda, analfabetas e ignorantes que lo único que saben hacer es tener hijos, limpiar, cantar y bailar; en segundo lugar, la imagen poética de mujer pura, sumisa, tierna, cuidadora y fértil. Y en tercer lugar, la imagen de flamenca y/o artista que ha roto tabús y se ha convertido en LA gitana.

Pero cuando una mujer gitana se aparta de estas tres líneas marcadas por la sociedad y se permite el lujo de contar qué es ser mujer gitana, se te aplica el GITANÓMETRO: la medición de tu grado/índice de gitanidad. Y te lo aplican aquellos que utilizan y explotan los mecanismos de exclusión y la base científica de estereotipos y prejuicios.

La otra parte, la de los gitanos, no es mejor, porque también ellos se permiten la licencia de aplicarte el GITANÓMETRO. Eso sí, asegurándose de aplicar “normas” con el fin de seguir manejando a su antojo un prototipo de mujer (género) que cargue con todo el peso de mantener una gitanidad mal entendida. Esto significa cumplir con lo siguiente: mujer muy decente, limpia, pura, fértil, honrada, silenciosa, dócil, sumisa, buena madre, esposa e hija.

De esta manera el cuerpo de las mujeres gitanas se convierte en el “espejo” de la construcción de género. “Volverse mujer gitana” es obligar al cuerpo a conformarse con una idea histórica de mujer gitana, por lo que el cuerpo adquiere su género asumiendo una serie de normas y actos que se han consolidado en el tiempo y han sido fijados con el fin último de continuar con la opresión e invisibilización de una identidad feminista gitana.

El no cuestionar nada de esto que parece tan natural conlleva permitir que las generaciones futuras de mujeres gitanas reproduzcan la profecía auto cumplida ("Termino siendo lo que dicen los demás que tengo que ser", John Ogbu) e implica renunciar a la posibilidad de poder construir un género y una identidad de mujer gitana. Esa deconstrucción y reconstrucción nos corresponde hacerla a nosotras mismas.

Esta es, en esencia, la causa por la que nace la Asociación Gitanas Feministas Por La Diversidad (AGFD); se trata de una lucha por una SOLA CAUSA – JUSTICIA SOCIAL.

A la hora de visibilizar los múltiples obstáculos que impiden el desarrollo y empoderamiento del grupo de mujeres gitanas, la sociedad paya (incluidas los grupos de mujeres) hacen oídos sordos y se vuelven ciegas ante esta realidad tan evidente. Utilizando una argumentación simplista y cargada de desconocimiento, prejuicio y estereotipo: “Es que no se quieren integrar”, “Es que ellos/as son así”, “Es que les gusta vivir de esa manera”.

Y AGFD se pregunta: ¿Qué queréis decir cuando habláis de integración? Concretamente, ¿Qué significa que somos así? ¿Cómo somos? ¿Qué es lo que a nosotras nos gusta?

Estamos cansadas del discurso culpabilizador que arranca de voces poco o nada informadas. Y cuando AGFD mira hacia dentro (Comunidad Gitana) el panorama no es mucho mejor…

Un pueblo sin conciencia crítica, manejado y utilizado al antojo del partido gobernante de turno. Un pueblo desnudo, sin “armas ni escudo” para defender su identidad y ponerla en valor, poco formado y muy pasivizado, cronificado por las pésimas políticas sociales que no han hecho más que convertirnos en meros títeres movidos al antojo de la técnica de turno y de los bien considerados Servicios Sociales de la Seguridad Social.

A todo esto le añadimos el triste y desolador panorama del tejido asociativo gitano y progitano, convertido desde hace años en instrumento de la Administración y que hace lo que haga falta para seguir conservando su sillón y sus nóminas, perdiendo totalmente la Misión, Visión y Objetivos por los que inicialmente habían nacido.

Todo esto es como un Teatro de lo Absurdo, mientras el Pueblo Gitano navega sin rumbo… y las mujeres gitanas… las mujeres gitanas formando parte del decorado de lo absurdo.

"¿El cambio es posible?", me preguntan continuamente. La respuesta es SÍ... SI EL PUEBLO QUIERE, SÍ. SI LAS MUJERES LO INTENTAN, SÍ.

Gitanas Feministas por la Diversidad está convencida de poder hacerlo, pero no podemos solas. Necesitamos redes de apoyo para no caernos, para aguantar. Necesitamos al pueblo gitano entero, necesitamos a los grupos de mujeres payas. Pero PODER SE PUEDE.

Artículos relacionados