Espacio público, partidos y participación: la intersección

Uno no puede evitar pensar en eso del "espacio público" cuando, caminando por el estrecho espacio existente entre terraza y rugido de vehículos en movimiento, aparece un pequeño patio abandonado, o un  parque en proceso de degradación, o aquel centro cultural que llenaba de vida el barrio, ése que ya cerró, ése; que de alguna manera nos transmite cierta nostalgia de lo no vivido.

Tampoco puede uno simplemente atar su imaginación a lo existente  ante el uso que se les ha venido dando a multitud de espacios públicos existentes en nuestras ciudades y pueblos. Usos siempre relativos a la privatización temporal de ese espacio para la realización de conciertos, festivales o espectáculos con un precio nada popular y un beneficio privado casi siempre relacionado con alguna forma de amiguismo entre promotor y dirigente político. Pareciera que lo público no es de todas y todos, sino más bien "de ellos".

¿Pero acaso no caben en las grietas de nuestras ciudades proyectos hermosos y de rabiosa necesidad como el patio maravillas o Can Vies? ¿Será que espacio público, cultura y democracia tienen una relación urgente que desarrollar? ¿No habría un uso más democrático para el espacio público que aquel al que se le ha relegado tradicionalmente?

Si dedicamos un tiempo a escudriñar los diversos programas marco municipales de los diferentes partidos que han concurrido a estas últimas elecciones municipales en el estado español, podremos hacer diferentes apreciaciones y extraer conclusiones sobre cuáles son las prioridades de cada uno. 

En el programa del Partido Popular, el binomio "espacio público" aparece en una única ocasión y es para decir que se dedicarán recursos a la limpieza del mismo, pudiera parecer que el concepto de "espacio público" que se tiene dentro del partido es meramente físico y no tanto como espacio social de reunión y convivencia, al no proponer otras medidas concretas más allá de la limpieza.

Continuando con el programa de Ciudadanos, acusado por parte de la izquierda renovadora como el "recambio" del Partido Popular, observamos una mayor concreción de las medidas a desarrollar. Proponen varias veces en su programa marco mantener la neutralidad política del espacio público y fomentar su carácter de espacio de convivencia y tolerancia, de lo cual podríamos extraer que la mayor preocupación de Ciudadanos es que en el espacio público haya cabida para tod@s, pero yo me pregunto si para ello no debieran proponerse determinadas actividades y proponer medidas concretas a desarrollar en el espacio público, y no quedarse en términos expresados de manera vaga y un tanto ambigua.

Si estudiamos el programa del PSOE, ese partido al que tantas personas miran con nostalgia de lo que fue y ya no es, llama la atención el uso del binomio "buen gobierno", hecho público al mundo por primera vez allá a mediados de los años 90, de la mano del Subcomandante Marcos y los zapatistas de Chiapas. Pero más allá del uso de ciertos términos ideológicos, las propuestas del PSOE están ligadas en su mayoría a la calidad de vida y del medioambiente de las ciudades en las que vivimos. Firma propuestas renovadoras como la creación de una red de alquiler de vehículos no contaminantes o la creación de consejos locales de cultura y artes para una mayor descentralización de las políticas culturales, entendiendo así en cierta manera el espacio público como lugar de crecimiento del individuo. Cabe preguntarse si esta nueva lógica "rompedora" de su programa es realmente consonante con la voluntad política de sus dirigentes.

Pero a mi juicio, en estas últimas elecciones han aparecido nuevos actores que representan muy bien la brecha cada vez más grande entre sociedad y partidos tradicionales. En las últimas elecciones municipales, han concurrido una miríada de candidaturas ciudadanas con una idea clara: devolver el espacio público a la ciudadanía, a la amplia mayoría, a la quecual se la desposeyó en beneficio de una camarilla de individuos con unos intereses ni democráticos ni mayoritarios. Este planteamiento queda muy bien reflejado en el programa de Ahora Madrid:

"El espacio público como el gran contenedor  de propuestas de alta calidad cultural. Las calles, parques, plazas (...) se persigue conseguir los siguientes objetivos: acceso a propuestas culturales de calidad a todo/as los/as ciudadanos/as ; no solo a los consumidores habituales de cultura de manera equitativa y gratuita, generando nuevos públicos; convertir el espacio público de la ciudad en un lugar de encuentro y participación..."

Después de una declaración de intenciones tal, cabe preguntarse a qué medidas y/o propuestas concretas se refiere. Rápida ha sido la respuesta del nuevo ayuntamiento de Madrid; la reapertura de la quinta de Torre Arias supone una reapropiación de un terreno en desuso para ponerlo al servicio y disfrute de la ciudadanía de Madrid; visitas guiadas, talleres medioambientales y rutas históricas se suceden a lo largo de un día cualquiera en la finca rehabilitada.

A través del disfrute en común del espacio público, éste puede ser moldeado, ya que es acompañante de la vida pública y soporte de la misma. Irá adaptando sus formas, potencialidades y limitaciones conforme las distintas políticas culturales e iniciativas populares se vayan desarrollando, revelando las nuevas necesidades que un uso más democrático y accesible del espacio público irá demandando.

No obstante, estas nuevas propuestas en la política municipalista tienen referentes en los que hallar inspiración y buenas prácticas. Mención especial merece la agencia lisboeta "EGEAC", inequívocamente pública, encargada de la programación cultural de la ciudad y organizadora del "MEO OUT JAZZ" ; una iniciativa pública con colaboraciones privadas para llevar conciertos y música electrónica de manera completamente gratuita a multitud de espacios verdes de la ciudad, deslocalizando así del "centro" de la urbe la vida cultural y haciendo de la cultura un bien más accesible y próximo a la amplia mayoría ciudadana.

La relación entre espacio público y democracia no debería entenderse sin la participación ciudadana directa en la programación de las actividades que en él han de llevarse a cabo. A lo largo de toda la geografía del Estado aparecen iniciativas populares que buscan una cierta reapropiación de las fiestas, muchas veces incorporando el más que necesario enfoque feminista, para que en ellas quepa la ciudadanía entera, las raíces culturales y la fiesta en la que nos vemos reflejados; y no unos pocos escogidos bien por su poder socioeconómico o su cercanía al poder político de turno. Ahí está el colectivo "llonguet" para atestiguar la lucha vecinal en Palma de Mallorca a favor de unas fiestas verdaderamente populares.

No quiero dejar de separar la idea del espacio público y la cultura como lugares de reivindicación de demandas sociales urgentes. Uno de los gestos más bonitos que ha tenido lugar en la ciudad de Madrid ha sido la colocación por vez primera de la bandera bajo la que se significan los colectivos LGTBI en el ayuntamiento de Madrid. De esa manera, simbólicamente pero con una agenda que cumplir en torno a la cuestión, el ayuntamiento hacía suya la lucha de estos colectivos durante la celebración del Orgullo en Madrid. La Cultura, y más en estos tiempos, es canal transmisor de nuevas demandas, escaparate donde observar la ruptura entre lo viejo y lo nuevo, y el espacio público reapropiado democráticamente será el lugar donde se manifestará, de tod@s y para tod@s.

 

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