Introducción. Lo común como alternativa al binomio público-privado

Tras décadas que anunciaban la victoria definitiva del pensamiento único neoliberal, vemos cómo ese metarrelato se tambalea. Aparecen en todo el mundo un sinfín de nuevas redes y comunidades, tanto físicas como virtuales que rompen con ese proyecto, difuminando y distribuyendo los espacios de soberanía, poder y creación social y cultural.

Surgen iniciativas de relocalización y recuperación del control sobre nuestra cultura, economía, trabajo o alimentación, con formas más cooperativas, comunitarias y próximas. Internet o las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) impulsan nuevos métodos de trabajo y de comunicación P2P: entre iguales, sin jerarquías ni centros. Creando dinámicas que hacen volar por los aires, sin ni siquiera confrontarlas, las viejas estructuras socio-políticas. Se vuelve la mirada hacia lo local y la diversidad, dejando atrás los años de distopía neoliberal, donde se nos decía que no había espacio para más identidades e ideologías que las hegemónicas.

 

La recuperación del Común

La antigua figura de la economía comunal, en la que bosques y campos no eran ni privados ni públicos, sino del pueblo, de los ciudadanos, de las familias e individuos, empieza a rescatarse del olvido con obras como las de Felix R. Mora y movimientos neo-rurales, ecologistas y de la economía social, que hacen un llamado a recuperar esa esfera económica, en donde se lleva a cabo una gestión directa, colectiva y autogestionada de campos y bosques, y no desde los órganos de la política representativa de un modo delegado. 

Las desamortizaciones del s. XIX, procesos de privatización de las tierras de la iglesia y comunales, que a menudo vemos como un progreso y una estacada al antiguo régimen, suponen también el fin de la economía comunal tradicional, que venía del s. IX. En Inglaterra fue la enclosure act, aprobada en 1801, la ley que estableció el derecho a cerrar los campos, dando pie a la propiedad privada de la tierra, dejando atrás así las tierras comunales y con ellas las dinámicas cooperativas y de proximidad, por el bien del inicio de la era industrial capitalista.

 

El nuevo Comunal: Sociedades P2P

Es sobre todo en la nueva dimensión ciberespacial y en nuevos modelos de organización económica y cultural donde vemos resurgir con fuerza el concepto del commons. Básicamente en la forma de comunidades virtuales de trabajo colaborativo en muchos campos, desde el software al periodismo, pasando por la enciclopedia, la cultura o la ingeniería. La lucha por el Creative Commons, impulsada como una defensa ante la reacción de los defensores del copyright y las licencias de autor para frenar la apertura y gratuidad de la distribución cultural con las TIC, desplazan de su centralidad al desarrollo cerrado, jerárquico, comercial y corporativo. Masas de consumidores pasivos de las últimas décadas empiezan a transformarse en prosumidores activos de toda clase de servicios y productos, en cuyos diseños participan. 

Sin duda una de las comunidades más relevantes en el empuje de esta economía que, como el comunal, no es ni pública ni privada, sino ciudadana, es el del ya consolidado software libre. Tras él han llegado una larga serie de innovaciones que aplican los mismos principios en otros campos, como en Wikipedia, en la cultura Creative Commons y sus licencias abiertas, o el Open Source Hardware (OSH), donde se trabaja con planos libres de máquinas y herramientas, en un diseño y fabricación abierto y en red. Las monedas p2p, como Bitcoin o Faircoin, que rompen con el monopolio centralizado y privado de emisión monetaria; aplicaciones colaborativas como Uber, Smart Park, Bla Bla Car o Airbnb, que aún siendo empresas privadas, hacen un uso colaborativo de las TIC; la llamada wikinomia que también usa fuentes multitudinarias (crowdsourcing) y un trabajo p2p para fines lucrativos privados. Revelando que estamos frente a tendencias transversales que afectan tanto a la contracultura como a las corporaciones.

Todo esto abre un nuevo espacio económico de tipo comunal, donde priman leyes económicas muy distintas a las neoliberales que hoy imperan. Y donde el binomio público-privado del s. XX no alcanza a definir las lógicas y objetivos que lo mueven, ya que responden a un nuevo eje que enlaza con otra tradición política, la vía comunista libertaria o anarquista; la vía ciudadana, de la sociedad civil organizada. La vía del comunal antiguo. Son embriones de un indudable cambio de paradigma social y cultural, donde el único interrogante es el tiempo que tardarán en tornarse hegemónicas y sustituir a los viejos modelos.

Una vía que es la que define todo lo que llamamos cultura p2p, y que abraza ya casi todos los campos de la vida social: además de indimedia, wikipedia, la blogosfera, el software libre, los bitcoins o el OSH, vemos miles de monedas locales sociales y ciudadanas como las EcoRedes en Catalunya; organizaciones como la Cooperativa Integral Catalana (CIC), una red de autogestión y cooperación a nivel nacional para prescindir del estado y del capitalismo; la permacultura, con una gestión de campos y viviendas sin necesidad de inputs externos adquiridos a multinacionales; o la agroecología, que igual que las culturas indioamericanas se basan en el orden natural -descentralizado y en red- de los bosques para extraer sus frutos; el cooperativismo como método más humano y democrático de organización empresarial; o incluso en la espiritualidad vemos reducida la importancia de grandes religiones que delegan la relación con Dios o con lo trascendente, apareciendo en sociedades occidentales formas más libres y laicas de espiritualidad como el chamanismo o el budismo, donde se prescinde de los intermediarios con lo absoluto, que pasa a entenderse como una red de vida, una cooperativa de co-creadores en la que en lugar de ser empleados o súbditos de un Dios que es Él, formamos parte de un Dios que somos todos nosotros.

La sociedad del conocimiento y una incipiente sociedad de la creatividad desplazan a las sociedades fordistas, industriales y financieras del s. XIX y XX. Aunque el poder sigue en manos de esas viejas industrias y modelos organizativos, nuevas dinámicas descentralizadas y abiertas distribuyen la soberanía, ofreciendo nuevos relatos que apuntan a un cambio civilizatorio. A pesar de que vivimos también el intento de colocar las estacas del nuevo enclosure act virtual en Internet y en la economía del conocimiento, ese intento de poner puertas al campo parece una misión imposible.

 

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