La armonía, el silencio y el estruendo en (algunas de) todas nuestras lenguas

Nuestro territorio está plagado de lenguas que la historia ha ido dejando a su paso y, aunque desconocemos a menudo el sonido o incluso la existencia de algunas, resuenan desde tiempos inmemorables en los rincones de nuestra península. Unas están casi olvidadas, en peligro de extinción, mientras que las otras destellan con fuerza y luchan por su dignidad y la memoria oral y escrita de sus pueblos.

Aquí, en España, siempre hubo quien les tuvo miedo. Por su poder aglutinador, por su potencia política, por su carácter identitario. Tras la “cruzada” contra el catalán de Primo de Rivera, llegó “el generalísimo” que, además de sembrar el terror e instaurar una cruenta dictadura, se propuso desprestigiar y hacer desaparecer las lenguas del Estado español rebajando su categoría de idioma a simples “dialectos” y prohibiendo su uso. Fue el preludio de una etapa sombría, el primer y significativo paso de lo que sería una profunda decadencia cultural que habría de durar décadas.

Según el escritor y político Dionisio Ridruejo, tras la irrupción de las tropas “nacionales” en Barcelona, en los locales públicos y las calles se colocaron rótulos que decían: “Aquí se habla la lengua del Imperio” o “si eres español, habla español”. Más tarde, el Catecismo Patriótico Español, del asturiano Fray Albino Menéndez Reigada, “resolvía” en 1936 las dudas idiomáticas: “-¿Se habla en España otras lenguas más que la lengua castellana? -Puede decirse que en España se habla sólo la lengua castellana, pues aparte de ésta tan sólo se habla el vascuence que, como lengua única, sólo se emplea en algunos caseríos vascos y quedó reducido a funciones de dialecto por su pobreza lingüística y filológica. -¿Y cuáles son los dialectos principales que se hablan en España? -Los dialectos principales que se hablan en España son cuatro: el catalán, el valenciano, el mallorquín y el gallego”.

Muchos años después de la dictadura, aún se siente el daño. Yo misma, que sólo hablo castellano, recuerdo escuchar a una maestra que, eludiendo nuestro libro escolar: “Lengua castellana”, nos enseñaba a nosotros, sus pequeños alumnos, que era más correcto decir que hablábamos “español”. Los golpes se asestaron con maestría, la herida se produjo; pero el fuego, siempre que le echas gasolina, se reaviva. La rabia ante el arrebato de algo tan íntimo resurge y se transforma en una reivindicación más fuerte.

Hoy exaltamos el conjunto de nuestras lenguas -oficiales o no-, que son sanas, que son hermosas, que son difíciles de hacer callar, que trascienden a intereses partidarios y coyunturales. Hay que hablarlas y escucharlas en las montañas, en los ríos, en los campos, en el mar. “El genio más íntimo de cada pueblo, su alma profunda, está sobre todo en su lengua”, dijo el historiador Jules Michelet. Qué placer entonces escuchar nuestros idiomas y guardar en la memoria su sonido para recordar y redescubrir quiénes somos.

Así suenan las definiciones de Estruendo, Armonía y Silencio en castellano, gallego, andaluz, euskera, catalán, mallorquín, valenciano, bable, cántabru, castúo y portugués.  No hemos sido capaces de dar a conocer el aranés -ante la inaudita y persistente dejadez del Departamento de Cultura del Conselh Generau d’Aran- ni el silbo canario. Quedan pendientes también innumerables variedades dialectales presentes a lo largo y ancho de todo el territorio ibérico. Invitamos a lectoras y oyentes a redescubrirlas, a avivar esas voces que se apagan con el tiempo y que desean ser escuchadas.

Gracias a Ana Márquez, Libe e Ibai Aramburuzabala, Oriol Morales, Xisco Capllonch, Alberto Aznar, Paula Sánchez, Manuel de Diego, Antòniu Garrido, Francisco Pais, Quitéria Mejuto, María Fernández, Pepe Soto y Sergio Belmonte.

 

 

Etiquetas : lenguaje, cultura, historia
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