No sin nosotras mismas

 

Poema 13 de Darío Jaramillo 

Primero está la soledad.

En las entrañas y en el centro del alma:

ésta es la esencia, el dato básico, la única certeza;

que solamente tu respiración te acompaña,

que siempre bailarás con tu sombra,

que esa tiniebla eres tú.

Tu corazón, ese fruto perplejo, no tiene que agriarse con tu sino solitario;

déjalo esperar sin esperanza

que el amor es un regalo que algún día llega por sí solo.

Pero primero está la soledad,

y tú estás solo,

tú estás solo con tu pecado original -- contigo mismo --.

Acaso una noche, a las nueve,

aparece el amor y todo estalla y algo se ilumina dentro ti,

y te vuelves otro, menos amargo, más dichoso;

pero no olvides, especialmente entonces,

cuando llegue el amor y te calcine,

que primero y siempre está tu soledad 

y luego nada

y después, si ha de llegar, está el amor.

 

No sin la soledad. Del uno. Del que no ha de necesitar un +1, ni un 2 en su presentación en sociedad. No sin el amor propio, sin el grito contra las naranjas completas. No a la prohibición de ser media hoy, mañana y hasta cuando una quiera.

No sin nuestras abuelas, sin nuestros espejos, nuestro punto de soberbia y autoconfianza, sin nuestro orgullo, ni nuestra rabia, reivindicativa de la independencia y la autogestión. 

No a los pelos ajenos en el baño, a los dos cepillos de dientes en el vaso de duralex, a compartir gel y champú. Ni dos tipos de pan, ni pelear por la marca de los yogures. 

No sin Darío, que, benevolente, nos avisa de que “primero está la soledad” y que ésta, inquilina de “las entrañas” y “el centro del alma”, es “la esencia, el dato básico, la única certeza”. No sin Jaramillo que, insistente, nos ve tropezar en la misma piedra que ayer, que mañana, pero aún así terco y convencido resiste: “Tu corazón, ese fruto perplejo, no tiene que agriarse con tu sino solitario”.

Etiquetas : literatura, cuidados, amor
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