Al borde de la tranquila majestad del Ring vienés se extiende, en piedra y hierro, el victorioso corazón del Imperio. El Hofburg es un complejo gigantesco para albergar la circulación de corte y ejércitos, un palacio que, como la fe y la enfermedad, se prolonga durante kilómetros tomando diferentes formas. Desde el Ala Suiza (en cuyos frisos doradas calaveras de toro evocan la filiación bohemia del poder austriaco, y cuya puerta está amorosamente vigilada por la estatua de un césar anónimo) las estancias se han reproducido prósperamente, engullendo a su paso bibliotecas y monasterios hasta 1918. Ahora descansa. El Hofburg se ha convertido en un organismo satisfecho, un animal plácido que, tendido en la Plaza de los Héroes bajo los cielos de Viena y Europa, se deja acariciar por turistas llegados desde el otro extremo del mundo.
Quizá sea de un músico de quien más concreción y tecnicismo se espera a la hora de definir estos tres términos. Pero los he experimentado y sentido de formas tan diversas, que casi me sucede todo lo contrario: hablar de estos tres pesos pesados, hermanos y rivales, dependientes y a la vez excluyentes, me produce vértigo. Así que si lo que espera el lector es una definición en la que imperen clarividencia y frialdad, le diré que puedo contar por decenas las veces que de boca de profesores, compositores y directores escuché un “el silencio también es música”. Empezamos mal.
¿Cómo va el verano? Istmos ha viajado por el mundo entero para saber cómo suenan las palabras de nuestro número –Silencio, Armonía y Estruendo– en diferentes lenguas, y este es el resultado. ¿Cuántas de ellas sois capaces de identificar? Estas son, por orden de aparición y para que las podáis identificar, las lenguas que suenan: castellano, árabe, ruso, coreano, portugués, búlgaro, inglés, chino, italiano, húngaro,francés, japonés, rumano, inglés.
En la composición musical el Estruendo, la Armonía y el Silencio son tres aspectos fundamentales. Voy a añadir la melodía por el binomio que forma con la armonía y, porque realmente, es lo que toda persona recuerda después de escuchar música. Empecemos por la armonía. Técnicamente es el estudio y práctica de los acordes y sus relaciones dentro de la música tonal, es decir, en la base vertical, que se complementa con la melodía, que es la base horizontal. Incluso en una canción para voz sola, la melodía debe fundamentarse en una armonía rica para resultar interesante, eso sí, sin recargar la armonía y buscando equilibrio. Al componer se puede comenzar por un esquema armónico sobre el cual construir la melodía, o empezar por ella y dejar que sea ésta quien te sugiera la armonía, pero, en ocasiones, se cambia lo preconcebido en favor de la musicalidad del conjunto.
El baile es acaso una manera de expresión, una conjunción de movimientos corporales, una vía de salida de fuerzas que nacen de lo más profundo del ser humano. Para muchos un placer, para otros una necesidad. Hay que dejar que nazca, que surja, que brote, que salga para que después acontezca lo inaudito.“Baila primero, piensa después. Es el orden natural” (Samuel Becket) y, sobre todo, recuerda que tienes cuerpo, que esas manos y esos pies son sólo tuyos, que hay movimientos que nunca habías imaginado, pero que puedes realizar. Siente el contacto del aire con tu piel, el ritmo de la música -real o imaginaria- que provoca sensaciones acompañadas de tu pulso. Las posibilidades son infinitas, el talento ni siquiera es necesario y la búsqueda trasciende lo meramente musical. No importa el lugar donde lo hagas, tampoco la técnica. La verdad es que todas necesitamos bailar de vez en cuando.
La musicalidad del cuerpo flamenco ha sido hasta la actualidad, sin lugar a dudas, la tarte à la crème de la investigación en danza focalizada en el baile. El cuerpo flamenco era presentado como un cuerpo lleno de ruido, cuyo estrujamiento interno daba lugar a una necesidad de exteriorización, incluso (o sobre todo) cuando no había música externa en la que apoyarse. Cuerpo-ruido y música-vómito en un espacio acústicamente neutro.

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