El estigma sonoro del flamenco

La musicalidad del cuerpo flamenco ha sido hasta la actualidad, sin lugar a dudas, la tarte à la crème de la investigación en danza focalizada en el baile. El cuerpo flamenco era presentado como un cuerpo lleno de ruido, cuyo estrujamiento interno daba lugar a una necesidad de exteriorización, incluso (o sobre todo) cuando no había música externa en la que apoyarse. Cuerpo-ruido y música-vómito en un espacio acústicamente neutro.

La pregunta, llegados a este punto, tendría que ver con la manera óptima de hacer el Silencio dentro de sí: silencio muscular (conducir el cuerpo a una cierta "calma vigilante" -sin duda hipotónica-) y silencio mental, haciendo el vacío en el orden del pensamiento. Un flamenco yóguico. Qué sería.

El Estruendo es principio estético en el flamenco, tanto en un nivel acústico como visual: un "demasiado lleno" de la acción coreográfica, siguiendo la expresión de Isabelle Ginot, que puede conducir a una saturación perceptiva del espectador, muy en acuerdo con la experiencia buscada por el teatro de la crueldad de Antonin Artaud y por deleuzianos afines a la pintura baconiana.

Sin embargo... Introducir una distancia, mínima tal vez, para permitir un cierto espacio de respiración entre los cuerpos que haga posible la apertura de un pensamiento crítico, sobre lo que se piensa y siente acerca de lo que se está viendo. Un aficionao yóguico, un espectador ecuánime, para quien el jaleo se torne juicio innecesario. Incluso el aplauso.

¿Armonía como justo medio entre el estertor y la nada acústica? Más bien: el silencio como fin final, o como finalidad sin fin, según a qué altura de la historia de las ideas colguemos nuestro lenguaje: el zapateado, el díptico sonoro de la castañuela, y la tensión muscular del gesto flamenco como citas al pie (de página).

Tal vez un flamenco en calma, en la imposibilidad de una resemantización sin retorno, que se pregunte por el estatuto del quejío (cuándo, cómo y por qué) y acabe por entenderlo como un recurso estético entre otros posibles, cuya omnipresencia, como la de todos los artilugios expresivos (¿también la del silencio?) debería ser contestada.

 

Etiquetas : Flamenco, música, cante, baile
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