#1 Nos hemos ido


Nos hemos ido representa un sentimiento, una necesidad. Nace de un impulso en contra de lo impuesto, del poder más tirano, de ese suave, semidulce, que nos mece, nos embauca, el que no deja rastro y no permite ver que poco a poco nos va quitando la autonomía. Los que nos hemos ido, hemos vagado y seguimos vagando entre la intranquilidad y el prejuicio de los que quieren quedarse porque han sido ellos los que han construido el orden, los que no quieren ver atisbo de cambio. Julio Cortázar, amante del escapismo, aseguró que “lo cierto es irse” porque “quedarse es ya la mentira, la construcción, las paredes que parcelan el espacio sin anularlo”. Lo cierto es irse, transitando caminos, procurando un espacio común para que nadie más tenga que marcharse.



Esta reflexión abre El espacio vacío, del director Peter Brook, considerado como una de las grandes figuras teatrales del siglo XX, libro que se ha convertido en una referencia para la mayoría de profesionales de las artes escénicas. La existencia de un espacio habitable y de un observador consciente de serlo es, pues, suficiente para la realización del acto teatral, pero la pesante tradición de una convención cada vez más dura e inexpugnable, hace que esta propuesta de un retorno a realidades atávicas de juego ficticio sea, paradójicamente, la ruptura que, a lo largo del siglo XX, ha preocupado a la mayoría de vanguardistas y creadores en constante reflexión sobre la naturaleza del hecho teatral.

Si uno lee sobre la historia del fútbol lo primero que ve es que este deporte nació en el seno de las familias ricas de la aristocracia británica del siglo XIX. Los jóvenes eran enviados a los reputados college para ser instruidos en las mejores enseñanzas del momento, pero hubo un punto de inflexión. Llegó la Revolución Industrial y todo cambió, los obreros tomaron el relevo, se convirtieron en los actores principales de la historia del fútbol. Tomaron diferentes posiciones: futbolistas, hinchas, directivos, recogepelotas, entrenadores,…
Estoy desinformado. Soy un tipo que no sigue las noticias de actualidad ni sabe lo que ocurre en el mundo más allá de lo que escucha por la calle o en boca de su gente. Hace diez meses decidí no leer el periódico ni ver el telediario. “¿Y cómo te informas?” “¿Cómo sigue la actualidad un chico que ha estudiado Ciencias Políticas?”, me preguntan. La respuesta es que no me informo, y además me da igual. Es más, me siento más limpio, menos contaminado. La absoluta falta de certeza que me asaltaba sobre el nivel de veracidad cada vez que leía o escuchaba una noticia, me ha llevado a concluir que prefiero reposar en la “ignorancia”.

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