Segunda. Sonrisa

Una foto. La abuela. Sentada en su sofá. ¿Qué habrá sido de ese sofá? ¿Y de esa casa? No comprendo. ¿Qué le pasa? Qué expresión tan extraña, en la cara. Lejana. De otro tiempo. Pero cálida y atrayente. Me atrae. No puedo evitarlo. Protección. Seguridad. ¿Cuándo un humano se encuentra seguro? Satisfacción, la suya. La mía no. No la conozco. Miro a la abuela y la recuerdo, pero no la reconozco. Ha pasado de moda ese gesto. La fotografía siempre eterniza un momento. Pasado. Cojo el diccionario y leo. Sonrisa: dícese de la acción y efecto de sonreír. Sonreír: reírse un poco o levemente, sin ruido. Sin ruido. Se trata de no hacer ruido. Primer paso. Cojo el manual de anatomía de mi padre. Viejo y gordo. Pero caliente. El papel está caliente y el suelo frío. Las paredes son suelo, los techos son suelo… Los rascacielos. El asfalto es frío, aunque se caliente por el día. Es frío. Frío y gris, como un muerto. El papel del libro de anatomía está caliente. El libro de anatomía me recuerda al de botánica de mi madre. Son muy parecidos. Analizan, por partes. El todo. Las plantas funcionan por sí solas. Las pocas putas plantas que todavía quedan funcionan por sí solas. Y calientan. El cuerpo humano no funciona por sí solo. Y es frío. Como el mármol. Como el asfalto. Pero antes funcionaba. Antes el cuerpo humano funcionaba. Y era cálido. Como la abuela. Ahora sólo vomita. Vomita para sacar calor. Y ser frío. Me fijo en la sonrisa de mi abuela y sitúo el dedo índice de la mano izquierda sobre ella. Sitúo el dedo índice de la derecha sobre la boca dibujada en el libro de anatomía. Y leo. La sonrisa se consigue mediante la flexión de diecisiete músculos de la boca y de los ojos. Los ojos, también le pasa eso a mi abuela en la foto. Sigo leyendo. Se accionan los músculos cigomáticos mayor y menor, cerca de la boca, y el orbicular, cerca de los ojos. Me miro en el espejo. Localizo mis cigomáticos y orbiculares. Los masajeo. Los preparo. Empiezo por tensionar el cigomático mayor. Parece que va bien. Me cansa. Sigo intentándolo. Lo mantengo durante cinco segundos de esa manera. Me cansa. Otra vez. Es el turno del otro. Del menor. Este es más difícil todavía. Lo vuelvo a intentar. Parece que lo consigo. Me cansa. Me cansa mucho. Casi me duele. El dolor. Hacía tiempo... Cigomático menor. Lo consigo, lo mantengo. Suelto. Ahora los dos juntos. Parece que funciona. Estoy agotado. Vayamos a la parte superior, la de los ojos. Los orbiculares. Lo hago con el ojo izquierdo. Tenso el derecho. Los dos. Estoy muy cansado. Se me escapa un jadeo. Sin ruido. El primer paso era sin ruido. Con ruido no vale. No es sonrisa. Ahora todos juntos. No consigo coordinarlos. Es muy difícil coordinarlos. Joder. Cigomático mayor. Cigomático menor. Mantengo. Duele. Sopórtalo. Ahora los orbiculares, el derecho, el izquierdo. Ya casi está. Ahora. Sopórtalo. Sopórtalo. Me miro en el espejo. Miro a la abuela en la foto manteniendo mi gesto. Vuelvo a observarme. Falta algo. No sé qué es. Entonces lo veo. Es eso. Lo veo. El brillo en los ojos. Sus ojos brillan como una estrella. Cálida frente a la noche. Pero en el libro de anatomía no explica cómo conseguir el brillo en los ojos, ni en el diccionario. Ni en el de botánica. 

 

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