El 29 de enero se clausuraba en el centro Galego de Arte Contemporáneo la exposición Cut Through the Fog de la artista Eva Lootz. Lootz nació en Viena en 1940 pero desde 1968 reside en España, donde compartiría territorio con el sector cultural en una época de dictadura contestada.

Recuerdo a la perfección mi primer encuentro con ella dentro del Máster en Arte Contemporáneo de la Universidad de Vigo. La presentaron como una artista matérica. Asistí a la charla, reacia a lidiar con una visión del arte de la que me considero distante. Salí muy cerca de Eva. Tanto es así que hoy en día nuestro contacto es frecuente. Y no hablamos de materia, hablamos de sociedad. Algo tendrá que ver en todo esto lo que entiende Lootz por arena: “Lo que se quisiera retener y no cesa de escaparse entre los dedos”.

¿Están -como temía Georg Simmel en 1903- tan alejadas las grandes ciudades de la vida del espíritu? ¿Es en ellas únicamente posible el cálculo y el tiempo de los negocios? Para contestar negativamente, se suele acudir a la figura del flâneur que funda la modernidad occidental. Primero Baudelaire y luego Walter Benjamin rescatan para la metrópoli al Rousseau de “las ensoñaciones”, cuando sale a pie de su parisina casa de Les Halles, para herboristear. Entre sus elucubraciones andarinas siente en un momento determinado la necesidad de abandonar las menudas observaciones para entregarse a contemplar “el todo” que, según sus propias palabras, se extendía ante sus ojos.
1 El origen del paseo de los Canadienses. El origen de este cómic es el azar. Me enteré de esta historia por pura casualidad. En el verano de 2012, caminando por un precioso paseo marítimo a la altura del Rincón de la Victoria (Málaga), me topé con una placa conmemorativa en honor a un tal Norman Bethune, que hacía alusión a un episodio ocurrido en 1937. Curiosamente yo tenía referencias de quién era Bethune porque en mi juventud había leído un breve artículo que le dedicó Mao Zedong, a su muerte en China en 1939. Merced a ese artículo Bethune está considerado hoy en China como un héroe del pueblo. Aunque eso lo sabía, lo que no sabía es que Bethune hubiera estado en España y menos aún en Málaga. Me picó la curiosidad y buscando por Internet encontré un escrito del propio Bethune fechado en 1937, titulado El crimen de la Carretera Málaga a Almería. Me quedé anonadado. Bethune narraba allí el éxodo de la población malagueña tras la caída de Málaga el 8 de febrero del 37 y describía lo que sin duda puede considerarse como el episodio más dramático, en términos de vidas humanas, de toda la Guerra Civil, muy superior al bombardeo de Guernica.

Esta reflexión abre El espacio vacío, del director Peter Brook, considerado como una de las grandes figuras teatrales del siglo XX, libro que se ha convertido en una referencia para la mayoría de profesionales de las artes escénicas. La existencia de un espacio habitable y de un observador consciente de serlo es, pues, suficiente para la realización del acto teatral, pero la pesante tradición de una convención cada vez más dura e inexpugnable, hace que esta propuesta de un retorno a realidades atávicas de juego ficticio sea, paradójicamente, la ruptura que, a lo largo del siglo XX, ha preocupado a la mayoría de vanguardistas y creadores en constante reflexión sobre la naturaleza del hecho teatral.

Al borde de la tranquila majestad del Ring vienés se extiende, en piedra y hierro, el victorioso corazón del Imperio. El Hofburg es un complejo gigantesco para albergar la circulación de corte y ejércitos, un palacio que, como la fe y la enfermedad, se prolonga durante kilómetros tomando diferentes formas. Desde el Ala Suiza (en cuyos frisos doradas calaveras de toro evocan la filiación bohemia del poder austriaco, y cuya puerta está amorosamente vigilada por la estatua de un césar anónimo) las estancias se han reproducido prósperamente, engullendo a su paso bibliotecas y monasterios hasta 1918. Ahora descansa. El Hofburg se ha convertido en un organismo satisfecho, un animal plácido que, tendido en la Plaza de los Héroes bajo los cielos de Viena y Europa, se deja acariciar por turistas llegados desde el otro extremo del mundo.
El baile es acaso una manera de expresión, una conjunción de movimientos corporales, una vía de salida de fuerzas que nacen de lo más profundo del ser humano. Para muchos un placer, para otros una necesidad. Hay que dejar que nazca, que surja, que brote, que salga para que después acontezca lo inaudito.“Baila primero, piensa después. Es el orden natural” (Samuel Becket) y, sobre todo, recuerda que tienes cuerpo, que esas manos y esos pies son sólo tuyos, que hay movimientos que nunca habías imaginado, pero que puedes realizar. Siente el contacto del aire con tu piel, el ritmo de la música -real o imaginaria- que provoca sensaciones acompañadas de tu pulso. Las posibilidades son infinitas, el talento ni siquiera es necesario y la búsqueda trasciende lo meramente musical. No importa el lugar donde lo hagas, tampoco la técnica. La verdad es que todas necesitamos bailar de vez en cuando.
El 20 de enero de 2016, Escoitar.org anunciaba su desaparición tras diez años de trabajo dedicados a la realización colectiva de un mapa sonoro de Galicia; dicha desaparición consistió en un desvanecerse compartido mediante una acción que consistía en el borrado de la base de datos que sustentaba el mapa que el colectivo mantenía operativo. Este era el texto que encabezaba la despedida: “El 25 de junio de 2006 se hizo público el mapa colaborativo de Escoitar.org, una herramienta nacida con la voluntad de poner en valor los sonidos del entorno y reivindicar la escucha como un proceso fundamental en la construcción de los discursos culturales. Este proyecto se convirtió así en un espacio pensado más en “instituir” que en “conservar”, en ofrecer y no en poseer, sometiéndose a una “democratización efectiva” que se mide siempre por el criterio de “participación y el acceso al archivo, a su constitución y a su interpretación” (Derrida). Siempre tratamos de evitar la mera acumulación abriéndolo, ofreciendo la posibilidad de valorar de forma colaborativa la relevancia del paisaje sonoro en diálogo con quien lo escucha y produce. Un archivo colectivo y abierto.
Perdedores Hermosos (PH) es un colectivo de artistas sonoros que parte de un programa de radio en 1994 hacia una performance radiofónica y un disco de música experimental llamado Silencio! Odio a la música. Se sirven de música y textos propios, con adaptaciones de John Cage, Pascal Quignard, Oliverio Girondo, Friedrich Nietzsche, entre otros. Su obra acusmática -el auditor no ve la fuente del sonido que está escuchando- ha sido presentada en vivo en distintos espacios de la ciudad argentina de Córdoba como el Cine Club Municipal Hugo del Carril, el Teatro La Bataclana y la Universidad Nacional de Córdoba.

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