A lo largo de la Historia se ha “manejado” y utilizado la imagen de los gitanos relacionándola mayoritariamente con el folklore, lo andaluz, cuando no con fábulas y mitos. Un ejemplo claro lo encontramos en De Vaux. Cuando afirma que “ya no faltaba sino presentar a los cíngaros como seres extraterrestres, caídos de algún planeta a la tierra para llegar a ser los Hijos del Viento”. Está clara la utilización y la distorsión de la “imagen” de un pueblo en aras de invisibilizar y no reconocer una identidad étnica, con el objetivo de poder seguir legitimando la necesidad de tutela, caridad y paternalismo.

Llegué a la casa en la que vivo ahora hace trece años, y no fue hasta hace poco que me fijé en el terreno de al lado. Un día, mi madre me contó que les había pedido permiso a los vecinos para hacer un camino que pasase por ese terreno y llegase a casa. La respuesta fue positiva. A partir de ahí, como si de un agradecimiento o un intercambio se tratase, vi cómo mi madre empezaba a desbrozar y limpiar frecuentemente ese terreno, recuperando poco a poco los robles abducidos por las zarzas y los tojos. Fue entonces cuando descubrí que dicho terreno era comunal, es decir, que su uso y propiedad es de todos los vecinos de la parroquia. Y a partir de ese momento, fui consciente de que el terreno de al lado de mi casa es sólo un pequeño tesoro de los muchos que existen en el resto del Estado. Reliquias que hay que conocer, valorar, cuidar y trabajar: los terrenos comunales.
Al caracol más accesible se tarda como ocho horas en llegar. Tienes que tomar un autobús, después esperar como una hora para tomar otro, una furgoneta y que alguien se pare a llevarte por el camino de tierra último. Ahí, ya en el caracol, les cuentas qué quieres hacer y ellos deciden si te dejan quedarte. Es cierto. A unos de los caracoles –los puntos autónomos y liberados por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional-EZLN— más accesibles en 2011 para un extranjero sin carta de presentación se tardaba unas ocho horas en llegar, tras tomar dos autobuses, una furgoneta y hacer auto stop por una vereda de tierra seca. Era uno de los más cercanos a San Cristóbal de las Casas, puerta de entrada a un entorno mágico por su naturaleza y por su coraje.
Nueva política ciudadana. Vemos cómo en el Estado español las últimas elecciones señalan un nuevo ciclo electoral que supone un verdadero proceso constituyente sin que éste exista formalmente. Una nueva marea política ciudadana logra hacerse con muchos espacios de poder institucional, en gran medida gracias a la sacudida sociopolítica que supuso el 15M, tras los necesarios años de maduración y concreción de trasladar las demandas de los sectores no libertarios y apartidistas de los indignados, a la arena política institucional.

Dos islas. Una, en el archipiélago balear. Otra, en el corazón de Galicia. No muy dispares en superficie: 570 y 420 kilómetros cuadrados, respectivamente. Una, soleada, bañada por las olas, cubierta de pinos, almendros, algarrobos. Otra, lluviosa, surcada por el Ulla, tapizada de robles, castaños, pinos. En ambas, conocí, con un intervalo de tres décadas, dos grupos humanos íntimamente afines, partícipes de un mismo espíritu de fraternidad. Stendhal lo habría llamado Escuela de Enseñanza Mutua; Thoreau, Sociedad para la Difusión de la Ignorancia Útil; Santayana, Escuela Infantil para Adultos; Max Jacob, Escuela de Vida Interior; Antonio Machado, Escuela Popular de Sabiduría Superior...

Parla es una pequeña ciudad del sur de Madrid. En ella viven algo más de cien mil habitantes, en su mayoría herederos de lo que antaño llamábamos la clase obrera. Conocida por su condición de ciudad marginada por las políticas oficiales, sus gobernantes cuentan con el logro de acumular la séptima mayor deuda del país. El logro, por cierto, es que todo ese gasto público no se note en las calles ni en la vida de la gente.
El 20 de enero de 2016, Escoitar.org anunciaba su desaparición tras diez años de trabajo dedicados a la realización colectiva de un mapa sonoro de Galicia; dicha desaparición consistió en un desvanecerse compartido mediante una acción que consistía en el borrado de la base de datos que sustentaba el mapa que el colectivo mantenía operativo. Este era el texto que encabezaba la despedida: “El 25 de junio de 2006 se hizo público el mapa colaborativo de Escoitar.org, una herramienta nacida con la voluntad de poner en valor los sonidos del entorno y reivindicar la escucha como un proceso fundamental en la construcción de los discursos culturales. Este proyecto se convirtió así en un espacio pensado más en “instituir” que en “conservar”, en ofrecer y no en poseer, sometiéndose a una “democratización efectiva” que se mide siempre por el criterio de “participación y el acceso al archivo, a su constitución y a su interpretación” (Derrida). Siempre tratamos de evitar la mera acumulación abriéndolo, ofreciendo la posibilidad de valorar de forma colaborativa la relevancia del paisaje sonoro en diálogo con quien lo escucha y produce. Un archivo colectivo y abierto.