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Las palabras «amor» y «amistad» tienen muchas cosas en común, también etimológicamente hablando. Ambas proceden de la raíz griega phil, que originariamente expresaba la pertenencia a un mismo círculo o grupo social. Así pues, puede decirse que la edad arcaica consideraba amigo simplemente a quien no era enemigo. Pero empecemos por el final, es decir, por el ahora. Jon Beasley-Murray afirmaba no hace mucho: «Un afecto es el índice de la potencia de un cuerpo y del encuentro entre cuerpos. Cuanta más potencia tiene un cuerpo, más afectividad, es decir, más capacidad para afectar y ser afectado. Los encuentros entre cuerpos pueden dividirse, a su vez, en buenos y malos».