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En un principio era la nada y la nada es de una simetría apabullante. La mires por donde la mires, la gires como la gires y la muevas como la muevas la nada permanece inmutable. Luego Dios creó la tierra y los cielos, y la simetría se fue al carajo. Si se paran a pensarlo, este desafortunado incidente es un gesto de muy mal gusto, que tiene como una de sus consecuencias más inefables la existencia de las sillas. Se lo explico: resulta que usted dispone de una nada perfectamente simétrica y bella y unas leyes físicas igualmente simétricas y bellas. ¿Por qué iba a surgir de tanta perfección un objeto tan fatalmente asimétrico como es una silla? No, en serio: levántese de su silla, obsérvela, dé vueltas a su alrededor, muévase.