Volver a España

Queremos volver, pero no os asustéis», alerta el editorial de Istmos. Aunque nuestro país no haya ganado para sustos a lo largo de su historia, aunque volver a él signifique adentrarse en el laberinto de una identidad problemática, en el historial clínico de un caso perdido, desterrad todo temor —y, por supuesto, toda esperanza—. Se cuenta que en pleno debate sobre la Constitución española de 1978, Juan Benet propuso una posible cláusula que rezaba así: «Todo español, por el mero hecho de serlo, tiene derecho al fracaso». No sería mal lema para una radiografía crítica del alma española.

«La idiosincrasia es una enfermedad sin especialista», apuntaba Gómez de la Serna. Si algo caracteriza el retrato que los españoles han trazado de sí mismos en los tiempos recientes —digamos desde Larra a la tabula rasa del 15-M—, son los rasgos sombríos y las tonalidades elegíacas. A falta de tratamiento específico para ese malestar español, al que sin duda no es ajena la desmemoria, hemos convocado asamblea general. Ahora que «el futuro ha llegado», como asegura Istmos, es hora de refrescar la memoria, inventariar los intervalos de lucidez, escuchar las voces que clamaron en el desierto. 

Los 195 fragmentos que componen las siete secciones de nuestra «Antología española» —195 fotogramas de un documental vertiginoso— proceden de cuadernos de notas, colecciones de aforismos, diarios íntimos, libros de viaje, artículos, cartas, discursos, ensayos historiográficos. La realidad no deja de repetirse. Pero la repetición no deja de ampliarse. Por eso, la mirada que arrojamos sobre la realidad no es nunca la misma. El montaje de textos que sigue —en el que hemos utilizado letra negrita para facilitar la identificación de autores y fechas—  procura conjugar el rigor cronológico y el dialéctico. En la medida en que nos hayamos aproximado a ese objetivo, el resultado será una síntesis más o menos legible o ilegible, apasionante o tediosa, de la España contemporánea.

 

Antología española (1836-2010)

1. ASIGNATURA PENDIENTE

«Un pueblo que ignora su historia está condenado a repetirla». George Santayana (La vida de la razón, 1906)

«Y es hoy aquel mañana de ayer». Antonio Machado ("A una España joven", 1912)

«Quien sabe del pasado, sabe del porvenir». Valle-Inclán (La lámpara maravillosa, 1916)

«Los pueblos, y especialmente España, aprenden muy lentamente y necesitan que el pasado se repita de tiempo en tiempo». Lev Trotski (1916; Mis peripecias en España, 1929)

«La aberración visual que solemos padecer en las apreciaciones del presente español queda multiplicada por las erróneas ideas que del pretérito tenemos». Ortega y Gasset (España invertebrada, "Prólogo a la segunda edición", 1922)

«El pueblo español no escarmienta, no aprende nunca nada. Aunque es viejo y curtido por el infortunio, la discontinuidad de su cultura hace de él un pueblo sin experiencia». Manuel Azaña ("La dictadura en España", Europe, 15-XI-1923; Nosotros, La Plata, abril 1924)

«La experiencia no sirve de nada. Los hombres experimentados son como aquellos jugadores que apuntan las cartas que han salido, pero no saben las que han de salir». Santiago Rusiñol (Màximes i mals pensaments, 1927)

«Catálogo: recuerdo de lo que se olvidará». Gómez de la Serna (Greguerías, 1910-1960)

«El pasado solo puede conservarse en el porvenir». María Zambrano ("Los intelectuales en el drama de España", Panorama, Santiago de Chile, 1937)

«¿No es España, después de todo, el país en que la Historia —y de qué monótona manera— se repite una y otra vez?». Gerald Brenan (El laberinto español, 1943)

«La mayoría de las obsesiones que no nos vienen de los padres son también hereditarias: nos vienen de los hijos». Rubert de Ventós (Manies i afrodismes, 1993)

«No se debe olvidar que el futuro y el pasado son contemporáneos». Eduardo Chillida ("Preguntas", 1994; Escritos, 2005)

 

2. ANOMALÍA ESPAÑOLA

«Desde la muerte de Cisneros [1517], el Estado español ha vivido en perpetuo domingo; un domingo inacabable de trescientos ochenta años, interrumpido apenas por algunos breves instantes dados a la faena». Joaquín Costa ("Crisis política de España", discurso en Salamanca, 15-IX-1901).

«En España, a partir de una cierta fecha situada en el siglo XVI, no se ha salido de la taberna sino para ir a la iglesia». Juan Benet (La inspiración y el estilo, 1966).

«No deja de ser irónico que el nuevo avance espiritual —el liberalismo— fuese bautizado [Cádiz, 1812] en el país que, más que ningún otro de Europa, había permanecido cerrado a la filosofía y a la cultura moderna, en un país esencialmente medieval y escolástico, clerical y absolutista como España». Benedetto Croce (Historia del siglo XIX europeo, 1933).

«Cuando Goya pinta su célebre duelo a garrotazos [1819] no está tanto diagnosticando la enfermedad que vicia nuestro ser histórico de españoles cuanto efectuando un diagnóstico del tipo de enfermedad de la tierra que es el hombre. Y es muy posible que en ello resida la universalidad de lo que conocemos con el nombre de España negra». Miguel Morey ("España en negro", El País, 30-VII-1994; Pequeñas doctrinas de la soledad, 2007). 

«Un novio que no ve el logro de su esperanza; ese novio es el pueblo español: no se casa con un solo Gobierno con el que no tenga que reñir». Larra ("La Noche Buena de 1836", El Redactor General, diciembre 1836).

«Ha llegado a ser proverbial la expresión de que España es el país de las anomalías. ... Tanta huella de sangre y tantos montones de ruinas, manifiestan bien a las claras que hay en España alguna gravísima causa de enfermedad». Jaime Balmes (Consideraciones políticas sobre la situación de España, 1840)

«España ya no es católica». Théophile Gautier (Viaje a España, 1840). 

«En 1843, a despecho de la bancarrota del Estado, había más oficiales en el ejército español que en cualquier otro ejército de Europa. ... El reinado de Isabel II [1833-1868] ofrece nada menos que dieciocho pronunciamientos en el espacio de veinticinco años». Brenan (El laberinto español, 1943).

«Hemos visto a doce mil espectadores pedir al unísono clemencia para un toro que había destripado a nueve caballos y matado a un picador. El perdón fue concedido, y el toro, algo casi inaudito, salió de la arena con vida». Alexandre Dumas (De París a Cádiz, 1846). 

«El lunes fui al Museo del Prado, y de ahí a los toros. Los toreros siguen admirables, como siempre, pero los toros han degenerado». Prosper Mérimée (Madrid, 1859). 

«Cuentan de Narváez [1800-1868] que en su lecho de muerte, al sacerdote que le preguntaba "¿Perdona su excelencia a sus enemigos?", contestó con voz firme: "No tengo enemigos; los he fusilado a todos"». Salvador de Madariaga (España, sucesivas ediciones entre 1930 y 1978). 

«El catolicismo está muerto en la conciencia del pueblo español». Pi i Margall (Sesión Constituyente de Cortes, 1869). 

«El 12 de febrero de 1872, a instancias de un juez de primera instancia, queda suprimida la palabra Dios en los documentos oficiales». Menéndez Pelayo (Historia de los Heterodoxos Españoles, II, 1882).

«Todos convienen en que España, social, política y económicamente considerada, está bastante mal. Salvo Turquía, quizá no haya en Europa otro pueblo que en esto nos gane. En punto a estar mal, somos potencia de primer orden». Juan Valera (Discurso en la Real Academia, 1876).

«Son españoles los que no pueden ser otra cosa». Cánovas del Castillo (Intervención en las Cortes, 1876). 

«El genio español es eminentemente católico, la heterodoxia es entre nosotros accidente y ráfaga pasajera». Menéndez Pelayo (Historia de los heterodoxos españoles, I, 1880).

«España ha cansado a la Historia». Emilio Castelar (Discurso en la Real Academia, 25-IV-1880). 

«España es una nación impresionista, pronta a entusiasmarse, pero carente de la perseverancia, la fortaleza, la tenacidad que son menester para obrar grandes cosas. El cielo de nuestra historia es un cielo de estrellas fugaces, que fulguran con luz vivísima durante un segundo y al punto se extinguen para siempre». Costa ("Porvenir de la raza española", Congreso Español de Geografía, 4-XI-1883).

«La nación española posee las apariencias externas de la civilización; pero solo las apariencias, porque la ignorancia es casi tan general como en la Edad Media». Gustave Le Bon (Civilización árabe, 1884).

«Hay que empezar por convencer a los españoles de la sublime utilidad de la ciencia inútil». Menéndez Pelayo ("Esplendor y decadencia de la cultura científica española", La España Moderna, febrero, 1894).

«Abrir de par en par las ventanas al campo europeo para que se oree la patria». Miguel de Unamuno (En torno al casticismo, 1895). 

«Sacar una España nueva de entre las ruinas, calamidades y torpezas bajo las cuales desapareció hace mucho tiempo». Joan Maragall ("El partido conservador", Diario de Barcelona, 23-XI-1897).

«En España se discute todo y se discute siempre. ... Hemos pasado de la acción exterior a la palabra, pero aún no hemos pasado de la palabra a la acción interior, último término y asiento de nuestra vida política. Hemos restaurado algunas cosas y falta aún restaurar lo más importante: el sentido común». Ángel Ganivet (Idearium español, 1897). 

«Una tarde del otoño de 1898, la conversación recayó en las condiciones de paz impuestas por Estados Unidos a España después de la guerra de Cuba. ... Para mí, la tragedia estaba más en la debilidad española que en la prepotencia americana. ... La debilidad española proviene de una flaqueza quijotesca, de una desproporción tragicómica entre el espíritu y la carne». Santayana (Personas y lugares. Fragmentos de autobiografía, 1944).

«Después del desastre de las dos pequeñas escuadras españolas en Cuba y Filipinas, todo el mundo iba al teatro y a los toros tan tranquilo». Pío Baroja (El árbol de la vida, 1911).

«El Gobierno continuó como si no hubiese sucedido nada de particular. Concluimos con un imperio, lo que se dice un imperio entero y verdadero, y nos pareció sentir alivio en lugar de pesadumbre». Francos Rodríguez (El año de la derrota: 1898; 1930). 

«Es necesario llevar gafas de vidrio color rosa para ver España con tonos alegres». Émile Verhaeren (España Negra, en colaboración con Darío de Regoyos, 1898). 

«¿Habrá que recordar a los pesimistas que la mayoría de los españoles son analfabetos? ¿Declararemos ciego al privado de luz? Probemos antes si es capaz de ver y de pensar, proporcionándole la antorcha de la cultura». Ramón y Cajal (Reglas y consejos sobre la investigación científica, 1898). 

«Es más cómodo pedir a gritos una revolución, un gobierno, un hombre, cualquier cosa, que dar en voz baja el alma para contribuir a crear lo único que nos hace falta: un pueblo adulto». Giner de los Ríos ("Aspectos del Anarquismo", Boletín Institución Libre de Enseñanza, 1899).

«Me dirijo a vosotros, los jóvenes, los hombres del mañana. En estos últimos luctuosos tiempos, la patria se ha achicado, pero vosotros habéis de decir: "A patria chica, alma grande"». Ramón y Cajal ("A patria chica, alma grande", Discurso en la Universidad de Madrid, 1900). 

 «Necesitamos instrucción para nuestros entendimientos, y agua para nuestros campos». Pérez Galdós («Soñemos, alma, soñemos», Alma española, 8-XI-1903). 

«Seguro de mi inocencia, no he sufrido un segundo de abatimiento. Al contrario, doy cada instante millones de gracias a los jesuitas porque, con mi prisión, laboran ardientemente por la Escuela Moderna. ¡El porvenir es nuestro!». Ferrer Guardia (Carta desde la cárcel Modelo de Madrid, 9-XI-1906).

«Todo el mundo lo sabe: el crimen de Ferrer consiste en haber fundado escuelas». Anatole France (Carta a M. Naquet, 11-IX-1909).

«Gravitan sobre nosotros tres siglos de error y dolor. España es un dolor enorme, profundo, difuso. ... España es el problema. Europa la solución». Ortega (Conferencia en Bilbao, 12-III-1910). 

«España es de las naciones donde adquieren mayor violencia los conflictos entre el capital y el trabajo, y eso que apenas hay trabajo ni capital». Azaña ("El problema español", conferencia en Alcalá, 4-II-1911).

«En España se encuentra uno totalmente a merced de lo extraño, jamás apoyado en una existencia, sino permanentemente ante la revelación, extáticamente arrebatado. Lo extático del paisaje no tolera ningún momento de indiferencia. El santo, elevado de continuo, o el héroe, insurrecto sin perspectiva de éxito, son los únicos que están a la altura de aquellos parajes». Rainer Maria Rilke (Carta, París, 27-III-1913).

«La anormalidad de la historia española ha sido demasiado permanente para que obedezca a causas accidentales... En nuestro pasado la anormalidad ha sido lo normal». Ortega (España invertebrada, 1921).  

«La leyenda negra es la Historia de España». Valle-Inclán (Luces de Bohemia, 1924). 

«¿Qué clase de pecado es el liberalismo? Un pecado gravísimo contra la fe. ¿Por qué? Porque consiste en una colección de herejías condenadas por la Iglesia. ¿Es pecado para un católico leer un periódico liberal? Puede leer las cotizaciones de Bolsa. ¿Qué clase de pecado comete el que vota a un candidato liberal? Generalmente pecado mortal». (Catecismo Ripalda, 14ª edición, 1927).

«España ha dejado de ser católica». Azaña (Sesión de Cortes, 13-X-1931).

«España son veinte millones de Quijotes andrajosos y un montón de rocas estériles, todo ello aleado con una amarga injusticia. España son las canciones tristes como el murmullo del olivo seco, como el rumor de los huelguistas». Ilya Ehrenburg (España, república de trabajadores, 1931).

¿Cuánto tiempo perdurará este atraso? Todavía se riegan los campos al viejo modo árabe, con ruedas de cangilones movidas por mulos. [...] Pero ya hay en Ibiza y en San Antonio edificios de hoteles sin terminar en los que se ofrece a los extranjeros agua corriente». Walter Benjamin ("España, 1932").

«Se diría que España tiene el raro privilegio de considerarse permanentemente como un problema». Fernández Almagro ("El debate sobre las dos Españas", El Sol, 4-IV-1933).

«Y lo peor es que antes, en estos casos, había siempre una solución a la que se agarraban incluso los más recalcitrantes: la República; pero ahora que tenemos la República, ahora ya no tenemos solución». Julio Camba ("Lo que pudo hacerse", Haciendo de República, 1934).

«El acceso que ha padecido Cataluña [Proclamación del Estado Catalán] entra de lleno en el cuadro clásico de su archiconocida anormalidad. Cataluña está enferma desde hace siglos. Es el tumor de España, que a veces dormita y a veces estalla». Agustí Calvet, Gaziel ("Cataluña enferma", La Vanguardia, 26-X-1934).

«Ya sé que estando arraigada como está en el carácter español la violencia, no se puede prescribir por decreto, pero es conforme a nuestros sentimientos más íntimos desear que haya sonado la hora en que los españoles dejen de fusilarse los unos a los otros». Azaña (Sesión de Cortes, 15-IV-1936). 

«Nada en España, desde una comida hasta una batalla, tiene lugar a la hora señalada. Como regla general, las cosas ocurren demasiado tarde, pero ocasionalmente, de modo que ni siquiera puede confiarse en esa costumbre, acontecen demasiado temprano». George Orwell (Homenaje a Cataluña, 1938). 

«Una guerra civil no es una guerra, es una enfermedad. Estos hombres no se lanzan al asalto embriagados por el ardor de la conquista, sino que luchan sordamente contra una epidemia. ... En esta lucha no se trata de arrojar a un enemigo del territorio, sino de curar un mal». Saint-Exupéry (Tierra de hombres, 1939).

«La experiencia prueba que español y liberal rabian de verse juntos, no obstante haber sido nosotros quienes dimos a esa palabra su acepción política. Esa disociación atroz está en la raíz de todas las desventuras de España». Azaña (Carta a Blanco Amor, 12-VIII-1939).

«La guerra civil terminó el 1 de abril de 1939, pero el mes de septiembre había ya empezado la Segunda Guerra Mundial. Es decir, que cuando empezábamos a convalecer de nuestra locura privada, nos encontramos sumergidos en la locura universal». Julián Marías ("Treinta años de vida intelectual en un mundo problemático", Conferencia en Buenos Aires, 10-VI-1971; Ser español, 1987).

«Ser liberal es, precisamente, estas dos cosas: primero, estar dispuesto a entenderse con el que piensa de otro modo; y segundo, no admitir jamás que el fin justifica los medios, sino que, por el contrario, son los medios los que justifican el fin». Gregorio Marañón (Ensayos liberales, 1946).

«El curso de nuestra historia quiebra con frecuencia las leyes de la lógica». Herrera Oria ("El pasado y el porvenir de España"; discurso en Madrid, 8-VI-1949). 

«El hecho, extraño entre todos, de ser español». Octavio Paz (El laberinto de la soledad, 1950).

«La idiosincrasia es una enfermedad sin especialista». Gómez de la Serna (Greguerías, 1910-1960). 

«En España somos católicos todos». Calvo Serer ("La Iglesia en la vida pública española desde 1936", Arbor, julio 1953). 

«La definición de Toynbee —"La política es una carrera de velocidad entre la educación y la catástrofe"— parece haber sido inspirada teniendo a España por modelo, pero sin que la educación haya llegado a tomar la salida». Max Aub (La gallina ciega, 1969).

«El descubrimiento de la auténtica historia de España tuvo lugar en medio de tales sufrimientos, que a veces pienso si no me hubiera valido más continuar envuelto en la bruma de mi ignorancia». Américo Castro (Sobre el nombre y el quién de los españoles, 1972).

«En pleno debate sobre la Constitución española de 1978, Juan Benet propuso una extraña y sugerente redacción, con un único artículo que rezaba así: "Todo español, por el mero hecho de serlo, tiene derecho al fracaso"». Rafael Conte (“La escritura originaria", ABC, 3-IX-1998). 

«A partir de 1982, la oferta que se nos hace es la de la normalidad, la modernización y la homologación, es decir, adecuar el paso al ritmo general del sistema. Al final de ese viaje se crearon dos autos sacramentales, dos grandes escenificaciones de la modernidad: los Juegos Olímpicos y la Expo de Sevilla. Hasta ahí aguantaron el aliento y el presupuesto general del Estado. ¿Qué ocurre después? Una caída en picado de las expectativas, seguida de la instalación de un miedo profundo en todas las dimensiones de la existencia, acompañado del descrédito de la memoria y de la utopía. Con el primero, se consigue que la gente no busque las causas; con el segundo, que no busque salidas». Vázquez Montalbán («La vuelta al orden. Un adiós al siglo XX». El Europeo, 1997).

«Me consta haber fracasado históricamente —como este país, dicho sea con perdón— en el intento de llegar a ser moderno. Pero creo que podríamos pasarlo mejor en este clima de fragmentación y múltiples referencias que en el viejo y asfixiante monoteísmo cultural que reinaba, en el poder y en la oposición, durante los recientes años de prehistoria». Ludolfo Paramio (Madriz, febrero, 1984).

«No nos vuelva la tentación de levantar ninguna torre juntos. Más bien, dejémonos ya de una vez por imposibles los unos a los otros, como buenos hermanos». Sánchez Ferlosio (Vendrán más años malos y los harán más ciegos, 1993). 

«40.518 heroinómanos detectados solo en la Comunidad de Madrid. ¿Qué tal? ¿Dice algo el dato respecto a una civilización, un modelo social, económico, cultural, según muchos irrebasable? Martínez Sarrión (c 1994. Esquirlas, 1993-1999; ed. 2000).

«Siempre estamos peor que nunca». Fernando Savater (Diccionario filosófico, 1995).

«No es mi propósito hurgar de nuevo en la vieja herida del dolor de España para buscar sus raíces y proponer algunos remedios, sino, por el contrario, tratar de transmitirles una buena noticia: que parece haber sonado el fin de la representación desdichada de nuestro pasado, que se acabó el fracaso de España como paradigma de nuestra historia». Santos Juliá (Conferencia en Tucson, abril 1996). 

 

3. DOS ESPAÑAS

«Los españoles se destruyen entre sí [Guerra de Sucesión, 1701-1713]». Montesquieu (Cartas persas, 1717).

«Si la guerra [Primera carlista, 1833-1840] fuese solo de sucesión, sería posible un arreglo; pero es de principios, y siendo estos incompatibles, no hay transacción. Es preciso que la guerra sea a muerte, que un partido venza a otro, de modo que el vencido quede exterminado para siempre». Evaristo San Miguel (Intervención en las Cortes, c 1836).

«Aquí yace media España; murió de la otra mitad». Larra ("El día de Difuntos de 1836").

«Larra imaginó la pugna moral entre dos mitades de España, concepción que Fidelino de Figueiredo desarrolla en As duas Espanhas [1932], describiendo la lucha entablada a partir del siglo XVIII entre las dos tendencias que pugnan por restablecer o anular la dirección impresa a la vida nacional por Felipe II [rey de 1556 a1598]. La verdad de este trágico dualismo es tanta que la hemos de considerar extendida a lo largo de toda la Historia. ... Los incidentes de esta pugna consumen gran parte de la energía histórica del pueblo español, y las treguas en la lucha, la armónica conjunción de las dos fuerzas opuestas, constituyen los momentos más fecundos de la vida nacional». Menéndez Pidal («Las dos Españas», Historia de España, 1947).

«La diferencia de opiniones es cada día mayor; la división de los ánimos se hace más profunda; el encono de los partidos, más alarmante; la inquietud y la zozobra aumentan». Balmes ("Ojeada sobre la situación, sus causas y porvenir", El Pensamiento de la Nación, 11-IX-1844).

«Más de media España, entre cantonales y carlistas, le negaba obediencia [a la Primera República, 12-II-1873], y hubo días en que el Poder central apenas puede decirse que extendiera su acción más allá de las tapias de Madrid. Eran tiempos de desolación apocalíptica; cada ciudad se constituía en cantón; la guerra civil crecía con intensidad enorme». Menéndez Pelayo (Historia de los heterodoxos españoles, II, 1882).

«Lucha entre las dos Españas, la España regional particularista, y la España centralizadora y uniformada». Verdaguer y Callís ("Les dues Espanyes", La Veu de Catalunya, 29-IV-1884).

«La gente de este país, salvo contadísimas excepciones, tiene un bisabuelo carlista y un bisabuelo liberal. Las guerras civiles del Carlismo fueron "ensayos" de la del 36». Joan Fuster (Contra Unamuno y los demás, 1975).

«Existen dos Españas: una que permanece aún en el siglo XVI y otra que vive por adelantado en el siglo XX. La primera ha pasado durmiendo tres siglos, sin enterarse de nada, creyendo posible la resurrección del Santo Oficio, el restablecimiento de la Unidad Católica, el bloqueo intelectual de la Península y otras precauciones santas y beneficiosas. ... La otra España es la que solo acata la monarquía por la fuerza, la que vive fiel a la República y comienza a preocuparse del problema social». Blasco Ibáñez (“Las dos Españas”, El Pueblo, 20-VIII-1897).

«Las dos grandes fuerzas de España, la que tira para atrás y la que corre hacia adelante, van dislocadas por no querer entenderse, y de esta discordia se aprovecha el ejército neutral de los ramplones». Ganivet (El Defensor de Granada, junio-diciembre, 1898; El porvenir de España, 1912).

«Ahí las tienen ustedes: son dos Españas, contrarias, antagónicas, colocadas frente a frente». Ramiro de Maeztu ("Las dos Españas", Vida Nueva, 19-XI-1899).

«Españolito que vienes / al mundo, te guarde Dios. / Una de las dos Españas / ha de helarte el corazón». A. Machado ("Proverbios y cantares", Campos de Castilla, 1912).

«Oficialmente, los españoles somos neutrales [en la Primera guerra Mundial]. Pero, en realidad, no es así. Todos estamos divididos en bandos beligerantes. Tenemos una guerra intestina de ideas y simpatías, que empieza en el propio Palacio, donde el rey y su madre, la austriaca, son partidarios de los alemanes, mientras la reina, inglesa, lo es de los suyos». Cansinos Assens (La novela de un literato, 1957; ed. póstuma 1982).

«Dos Españas, señores, están trabadas en una lucha incesante: una España muerta, hueca y carcomida, y una España nueva, afanosa, aspirante, que tiende hacia la vida». Ortega ("En defensa de Unamuno", 11-X-1914).

«Necesidad imperiosa de optar por el infierno o por el paraíso, por una de las dos Españas, la de las derechas o la de las izquierdas. Es un problema para el que no hay soluciones eclécticas de conciliación, purgatorios intermedios. ... En España las derechas y las izquierdas responden rigurosamente a dos opuestas actitudes en la apreciación de la historia nacional y a dos sentidos del futuro, restaurador o creador. ... La historia de España pasó a ser un continuo choque de esos dos extremismos inconciliables, pero indispensables el uno al otro, como las valvas de una castañuela, opuestas e inseparables para producir el sonido característico. ... El choque de los dos hemisferios de la célula cerebral española es lo que hay de más típico en la conciencia española. ... Y será siempre así, en tanto haya dos Españas en guerra, alternando sus momentos de victoria como púgiles incansables. Unir las dos Españas en una nueva será la solución plena del problema, igual que en los viejos dramas, cuando los personajes se reconocen y reconcilian. ¿Pero cómo? ... Hay entre ambas márgenes, derecha e izquierda, por las que corre en catarata la historia española desde la guerra de la Independencia, un abismo profundo. ... La propia enseñanza es materia de disputas, porque en cada hemisferio se lucha para que se realice según un tipo, el suyo. ... Este principio de lucha o antagonismo interno creó dos Españas. ... De su encuentro y permanente estado de guerra salta la creación española, que es siempre un grito de victoria ahogando el lamento de un vencido... El nuevo Estado podría dar cabida legal al antagonismo de las dos Españas, levantar a sus legítimas prioridades la inteligencia, la verdadera, la que no tiene partido». Fidelino de Figueiredo (Las dos Españas, 1931; ed. 1932).

«Esa tercera España, tercera en discordia, es la que urge constituir. No por equidistancia respecto a los puntos extremos, sino por superación». Fernández Almagro ("El debate sobre las dos Españas", El Sol, 4-IV-1933).

«Si vamos al fondo, a la corriente oculta de la Historia, encontraremos que hoy en España todo se reduce a una fase nueva de la rivalidad perdurable, de la contraposición natural entre Castilla y Cataluña. Son dos espíritus, dos concepciones de la vida, dos prácticas y hasta dos metafísicas diametralmente opuestas. Son los dos polos de España». Agustí Calvet, Gaziel ("Los dos polos de España", La Vanguardia, 19-I-1934).

«Entre los hunos y los hotros están descuartizando España. Unos contra otros por el reparto, en vez de unirse en la producción. El pueblo español se entrega al suicidio». Unamuno (El resentimiento trágico de la vida. Notas sobre la revolución y guerra civil españolas, 1936; ed. póstuma 1991).

«España es el único país que se clava su propio aguijón. Quizá el enemigo de un español es siempre otro español». Azaña (La velada en Benicarló, abril 1937; ed. 1939).

«Ya se ha visto que no; que no era posible convivir: que existe una incompatibilidad esencial y decisiva, como de especies humanas distintas o, tal vez, de una especie humana y otra no humana todavía». María Zambrano ("El español y su tradición", Hora de España, abril 1937). 

«Esas dos Españas, tan antagónicas en apariencia, son perfectamente afines en el fondo y se resumen en una sola y única España, muy nueva a la vez que muy vieja, muy tradicionalista y muy innovadora, muy de nuestros padres y muy para nuestros hijos». Julio Camba ("El problema del Guadiana", ABC, 9-XII-1937).

«España, piedra estoica que se abrió en dos pedazos». Miguel Hernández ("Madre España", 1938; El hombre acecha, 1939; ed. póstuma 1981).

«Y ahora esa división se ahonda poniendo por medio un foso de sangre. ¿Habrá político que sepa allanar ese foso para fundar sobre él la tercera España, indivisa y concorde?». (Menéndez Pidal, carta a Figueiredo, 7-IV-1938).

«Solo hay una España verdadera, y la otra es la yedra, parásito que crece sobre la encina secular». Manuel Fraga ("Las Españas", Alcalá, 25-V-1952).

«¡Claro que hubo siempre dos Españas! Pero en cada español. No hay una España liberal y otra reaccionaria. Es una y la misma. Las dos Españas las llevamos los españoles dentro, siempre». Max Aub (Campo de almendros, 1968).

«El homo homini lupus pudiera trasponerse aquí en algo así como Hispanioulus Hispaniolo lupus». Américo Castro (Sobre el nombre y el quién de los españoles, 1972).

«Donde es más importante la diferencia que la semejanza, la hostilidad no tiene freno». Savater (Ética como amor propio, 1988).

 

4. OSCUROS PRESAGIOS

«Siempre se habla de Constitución, de gobierno y oposición, de sistemas políticos; nunca, de buena administración, de arreglo de hacienda, de instrucción pública; siempre del instrumento, nunca del artefacto. Se olvida que las formas políticas son un medio, y se las considera como fin, mejor diremos, se aparenta considerarlas como tal, porque en el fondo, a los ojos de todo el mundo, lo que obra, lo que remueve, lo que agita y perturba son la ambición y la codicia; y tal vez, y sin tal vez, más la codicia que la ambición». Balmes ("Miscelánea", La Sociedad, 3-VIII-1843).

«Pensar solo en lo que interiormente desune, en vez de afanarse por lo que junta y asocia; desorganizar con ligereza lo que existe, lejos de organizar asiduamente lo que falta; gastar sin provecho las fuerzas que convendría concentrar». Cánovas (Discurso en el Ateneo de Madrid, 1882).

«En 1897, el señor Rockefeller me preguntó qué población tenía España. Le respondí que unos diecinueve millones. Tras una pausa, dijo como para sí: "Diré en la oficina que no están vendiendo suficiente petróleo en España. Hay que mejorar el asunto"». Santayana (Personas y lugares. Fragmentos de autobiografía, 1944).

«Clamor unánime de la masa honrada del país contra las pandillas de los políticos de profesión». Prat de la Riba ("El principio de las nacionalidades en la sociología y en el Derecho internacional». Revista Jurídica de Cataluña, 1898).

«La democracia es una mentira inicua. Votar es fortalecer la secular injusticia del Estado. Ni señores, ni esclavos, ni electores ni elegidos, ni siervos ni legisladores. Rompamos las urnas electorales y escribamos en las encarecidas candidaturas endechas a nuestras amadas y felicitaciones irónicas a cuantos crean ingenuamente en la redención del pueblo por el parlamento y la democracia». Azorín ("La vida", Arte Joven, 15-IV-1901).

«Jóvenes bárbaros de hoy: entrad a saco en la civilización decadente y miserable de este país sin ventura; destruid sus templos, acabad con sus dioses, alzad el velo de las novicias y elevadlas a la categoría de madres. Romped los archivos de la propiedad y haced hogueras con sus papeles». Alejandro Lerroux (La Rebeldía, 1-X-1906).

«Los dos partidos que se han concordado para turnarse en el Poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. [...] Pasarán unos tras otros dejando todo como se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte». Galdós ("Cánovas", Episodios nacionales, 1912).

«Merced a causas desconocidas, la morada íntima de los españoles fue tomada hace tiempo por el odio, que permanece allí artillado». Ortega (Meditaciones del Quijote, 1914).

«En España ha habido siempre un gobierno malo, y una opinión descontenta que aspiraba vehementemente a otro peor. Cuando fracasen las cabezas, pediremos que gobiernen las botas». A. Machado (Los complementarios, 1-I-1915).

«La más cruda guerra civil, esta que tengo que librar dentro de mí, pues llevo, como llevamos todos, frente al ciudadano de la Europa civil del siglo XX, un súbdito de la España filipina del siglo XVI». Unamuno (Carta a Ramón de Basterra, 1917).

«Teniendo en cuenta las circunstancias que atraviesa la nación, lo más conservador que se puede ser es revolucionario». Francisco Cambó (Boletín de información, 1917).

«España me parece un gran ataúd negro, todo lleno de sol poniente». Juan Ramón Jiménez ("Orillas de vida y obra", 1909-1919; Ideolojía, ed. póstuma, 1990).

«Nuestro pecado fue partir a buscar una patria —o una matria, es igual— y no una hermandad. No nos buscábamos unos a otros, sino que cada cual buscaba a su pueblo o, mejor dicho, a su público. ... ¿Qué nos queda? Morir cada uno en un rincón, morir solos, sin patria ni hermandad». Unamuno ("La hermandad futura", España, 5-VIII-1918).

«La retórica de Cánovas, mala y todo, era también el tributo que la política rendía al arte. Empezamos a darnos cuenta del valor de eso en tiempos como los actuales —estamos en 1918—, dominados por la política del "Enriqueceos" y por el parlamentarismo financiero». Eugenio d' Ors ("Cánovas", El valle de Josafat, 1944).

«Hoy, sobre el horizonte de España, aparecen dos fantasmas: el de la revolución, agitado por unos, y el de la represión, sostenido por los del bando opuesto. ¿No habrá nada más que eso en el inmediato porvenir de España? ¿No se sabrá elegir un camino ancho y limpio?» Ortega (El Sol,  26-III-1919).

«Actúa como yo te digo y no hagas ningún caso del ministro de la Guerra, que es un imbécil». Alfonso XIII (Carta al general Silvestre, jefe de las tropas españolas derrotadas en Annual, Marruecos, en julio de 1921).

«El vampirismo financiero devora España, el pueblo más desdichado de Europa». A. Machado (Los complementarios, 4-I-1922).

«El cortejo llegó a nuestra altura. Alfonso XIII andaba de prisa, destacando entre la masa de uniformes, medallas, bandas de colores, espadas repujadas, monóculos y bigotes de los grandes de España, y de los collares, joyas y pendientes de las damas de la corte. Todos tenían la horrible expresión de quien se ha visto forzado a levantarse demasiado temprano. ... Alfonso tenía mucho de playboy internacional: era lo que los españoles llaman un "señorito". Su aspecto céreo se debía quizá a la resaca de la noche anterior». John Dos Passos (c 1922. Años inolvidables, 1966). 

«En España no se ha publicado jamás un Manifiesto tan grosero, tan insultante para la nación, tan bochornoso como el que firmó el 13 de septiembre de 1923, día del golpe de Estado, Miguel Primo de Rivera». Unamuno (De Fuerteventura a París, 1924; ed. 1925). 

«El no hallar modo de armonizar el íntimo anhelo con la convivencia social nos hace vivir a los españoles en guerra y en debate perenne. ... No habrá paz para nosotros». Américo Castro (La Nación, 1927).

«Es preciso andar con mucho tiento, porque esas guerras [del siglo XIX] están muy recientes en la conciencia española, y en el fondo de esa conciencia están aún las raíces de una posible guerra civil». Sainz Rodríguez ("La evolución de la España moderna", La Esfera, marzo 1928).

«Detrás de un patriota hay siempre un comerciante». José Bergamín (La cabeza a pájaros, 1930).

«En la redacción de El Sol encuentro a don Miguel de Unamuno. Me cuenta que en la plataforma de un tranvía le han robado 300 pesetas que llevaba en el chaleco. Le consuelo haciéndole ver que esto le puede pasar a cualquiera, en cualquier época, en cualquier régimen. Me interrumpe con aire de desolación, y me dice: "No, querido Pla. Esto de la República va mal, muy mal"». Josep Pla (2-VI-1931. "Madrid. El advenimiento de la República"; Notas para Sílvia, 1976).

«Nunca, mientras esté en mis manos, será el gobierno de mi país objeto de desdén, ultraje o menosprecio. Nunca habrá vacilación en el servicio del bienestar común. La república nos pertenece a todos. Ay de aquel que se atreva a levantar la mano contra ella». Azaña (El Sol, 15-X-1931).

«En España es precisa la dictadura para gobernar». Baroja (El Sol, 11-XI-1931). 

«Dos cosas excelentes tuvo España: santos y soldados. Los santos han desaparecido definitivamente, y los soldados, según marchan las cosas, están a punto de acabarse y de acabarnos». Ramón y Cajal (Charlas de café, 1908-1932).

«Debemos marchar hacia un nuevo Estado. ¿Qué importa si ello significa derramamiento de sangre? ... La democracia no es para nosotros un fin, sino un medio para llegar a la conquista de ese nuevo Estado». Gil Robles (El Debate, XI-1933).

«Nos aguardan terribles acontecimientos, una verdadera guerra civil, larga feroz e incalculable» Agustí Calvet, Gaziel ("La sublevación de la Generalidad", La Vanguardia, 11-X-1934).

«Y como yo le reprochase su espíritu de guerra civil, mi apasionado interlocutor lanzó por la boca una llamarada de pasión: "España no se salvará más que por la guerra civil". Así llevamos cerca de siglo y medio los españoles, empeñados en la loca empresa de imponer por la fuerza una unidad de pensamiento político a un país que piensa de tres modos distintos en proporciones casi idénticas». Madariaga ("Guerra civil", Ahora, 13-III-1935).

«Como no me he preocupado de nacer, no me preocupo de morir». García Lorca (Conversación con Luis Bagaría, El Sol, mayo 1936).

 

5. AGONÍA ESPAÑOLA 

«Cuatro días antes del desembarco de Franco, García Lorca decidió de pronto marcharse a Granada. Yo intenté disuadirlo: "Se están fraguando auténticos horrores, Federico. Estarás mucho más seguro en Madrid". Otros amigos ejercieron presión sobre él, pero en vano. El anuncio de su muerte fue una impresión terrible para todos nosotros». Luis Buñuel (Mi último suspiro, 1982). 

«Como catalán, he de desear el triunfo del Gobierno, y como español el de los sublevados». Joan Estelrich (Dietaris, 20-VII-1936). 

«Ventilándose, como se ventilan, ideales diametralmente opuestos, no se prevé ni tregua ni transición. Ambas partes dicen aspirar nada menos que al exterminio de la otra, y es opinión unánime que el triunfo de la una supondrá el aniquilamiento de la otra». Cardenal Gomá (Carta al secretario de Estado del Vaticano, 17-VIII-1936). 

«Vencer no es convencer y, sobre todo, no puede convencer el odio». Unamuno (Acto inaugural del curso académico, Universidad de Salamanca, 12-X-1936).

«Mueran los intelectuales y viva la muerte». Millán Astray (Acto inaugural del curso académico, Universidad de Salamanca, 12-X-1936).

«¿Qué sucede en España? Todo el mundo tiene algo que decir, historias que contar, un juicio que pronunciar. Es la moda, actualmente, darse una vuelta por allí, ver un trozo de revolución y de guerra civil, y volver con abundancia de artículos». Simone Weil ("¿Qué sucede en España?"; c finales 1936; Escritos históricos y políticos).

«Cuando los hombres acuden a las armas, la retórica ha terminado su misión. Porque ya no se trata de convencer, sino de vencer». A. Machado ("Consejos, sentencias y donaires de Juan de Mairena", Hora de España, enero, 1937).

«Esta noche tomaré jerez, mañana tomaré Málaga». Queipo de Llano (atribuido, c enero 1937).

«Mucho antes de conocer España, solía pensar que la muerte era un caballero español, uno de esos nobles pintados por Velázquez, con calzas negras de seda, gorguera y una mirada fría, de cortés indiferencia». Arthur Koestler (Un testamento español, 1937).

«Si bastan razones simplemente humanitarias para condenar tal masacre de no combatientes, esta masacre resulta más repudiable, si ello es posible, cuando los jefes responsables de las operaciones dicen defender la civilización cristiana». (Llamamiento del Comité por la Paz Civil y Religiosa de España, firmado por Bernanos, Duhamel, Marcel, Maritain, Mauriac, Merleau-Ponty... Febrero, 1937). 

«Es vano el intento de señalar los focos de contagio de la vieja fiebre cainita en este o aquel sector social, en esta o aquella zona de la vida española. Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos que se partieron España». Chaves Nogales (A sangre y fuego, prólogo, mayo, 1937).

«Es el fondo de nuestro ser. Unos fusilan a los maestros, otros fusilan a los curas. Unos queman iglesias, otros Casas del Pueblo. ... La virtud purificadora de las llamas sigue siendo un mito español». Azaña (La velada en Benicarló, 1937; ed. 1939).

«Hay que hacer la nueva España contra unos y contra otros. Y la nueva no será más fácil que la antigua». André Malraux (La esperanza, 1937). 

«El espacio que mi hermano conquistó / se halla en la Sierra de Guadarrama / y mide metro ochenta de largo / por metro cincuenta de hondo». Bertolt Brecht ("Mi hermano fue piloto"; texto enviado al Congreso de Escritores Antifascistas, Valencia, agosto 1937).

«Esta guerra no se parece a ninguna otra. Hombres de lugares muy lejanos han venido a combatir, y cuando termine la guerra, si salen con vida, no habrá ningún lugar para ellos ni ninguna recompensa». Lillian Hellman (Diario, 20-X-1937, Mujer inacabada, 1969).

«Si hubierais visto lo que vi en España, también vosotros estaríais serios». Dorothy Parker ("Incredible, fantastic", New Masses, 23-XI-1937). 

«En Madrid, la voluntad de vivir y reír asombra constantemente al que llega de fuera». Langston Hughes ("Risa en Madrid", Nation, 29-I-1938).

«Cualquier cosa de las que sucedan en esta guerra puede cambiar el porvenir del género humano». Ernest Hemingway (Por quién doblan las campanas, 1940).

«Ganaremos, perderemos. Ahora bien, ¿por qué ha sido necesario que ganemos o perdamos una guerra los unos o los otros? ... Si perdemos, una propaganda perdurable hará creer que nuestra conducta ha sido criminal, que hemos tenido la culpa de la rebelión, acaso que la hemos comenzado». Azaña (La velada en Benicarló, 1937; ed. 1939).

«Fue en España donde vi por primera vez artículos de prensa que no tenían absolutamente ninguna relación con la realidad de los hechos, ni siquiera esa clase de relación que siempre conserva una mentira ordinaria». Orwell ("Recordando la guerra civil española", New Road, 1943). 

«Aludiendo a la cuestión española ha dicho Chamberlain: "No seré yo quien se queme los dedos en esa hoguera". Es una frase perfectamente cínica y perversa». A. Machado ("Notas inactuales, a la manera de Juan de Mairena", La Vanguardia, 27-III-1938).

«Ya es voz unánime de la conciencia universal que el pacto de no intervención en España constituye una de las iniquidades más grandes que registra la historia». A. Machado ("Mairena póstumo. Desde el mirador de la guerra", La Vanguardia, 3-V-1938).

«Si en vez de cometer esta locura se hubiera seguido en el régimen normal, a estas horas estaríamos en vísperas de una nueva consulta electoral. ... ¿Qué negocio ha sido este de desencadenar la guerra civil? ... La reconstrucción de España será una tarea aplastante, gigantesca. ... Piensen en los muertos y escuchen su lección: la de esos hombres que han caído en la batalla luchando por un ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz, el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: paz, piedad y perdón». Azaña (Discurso en Barcelona, 18-VII-1938). 

«En la brumosa Albión, hay alguien que no duerme, porque, como Macbeth, ha asesinado un sueño, y no precisamente en su castillo de Escocia, sino en el corazón de la City». A Machado ("Desde el mirador de la guerra", La Vanguardia, 23-X-1938).

«Esta guerra, en la que desempeñé un papel tan ineficaz, me ha dejado recuerdos en su mayoría funestos, pero aun así no hubiera querido perdérmela. Cuando se ha podido atisbar un desastre como este —y, cualquiera que sea el resultado, la guerra española habrá sido un espantoso desastre—, el saldo no es necesariamente desilusión y cinismo. Por extraño que parezca, toda esta experiencia no ha socavado mi fe en la decencia de los seres humanos, sino que, por el contrario, la ha fortalecido». Orwell (Homenaje a Cataluña, 1938).

«El espectáculo de España agonizante le llena a uno el corazón de asco, de indignación, de rencor y desesperanza. Más vale no hablar en absoluto de ello que no hablar lo suficiente». André Gide (Diario, 26-I-1939). 

«Fue en España donde mi generación aprendió que uno puede tener razón y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma, y que a veces el coraje no obtiene recompensa». Albert Camus ("¿Por qué España?" Combat, diciembre 1944).

«Todas las guerras son malas, porque simbolizan el fracaso de la política. Pero las guerras civiles son imperdonables, porque la paz no nace cuando la guerra termina». Charles de Gaulle (1970. Palabras recogidas durante su visita a Toledo por Marañón Moya).

«Alguien, no recuerdo quién, afirmaba que las sociedades suelen tardar un siglo en digerir cada una de sus luchas armadas intestinas. Se trata, probablemente, de un cálculo aproximativo; pero quizás admita ser documentado por la Historia». Fuster ("Con Balmes, como excusa", La Vanguardia, 28-I-1973; Contra Unamuno y los demás, 1975).

 

6. POST MORTEN 

«El exilio no tiene extensión en el tiempo o en el espacio, sino profundidad, como si de un subterráneo se tratara. ... La desgracia común nos había hecho miembros de una sola familia. La palabra "desgracia" habría de servir todavía muchos años para expresar el sustrato mismo del ser español». Teresa Gracia (Las republicanas, 1984). 

«Los españoles hicimos un nuevo descubrimiento de América». José Gaos ("Los transterrados españoles de la filosofía en México", Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de México, octubre 1949)

«Si llega a faltar el material de trabajo, ir a la playa y hacer grafismos con una caña en la arena». Joan Miró (Los cuadernos catalanes, 1940).

«Nosotros estamos reuniendo la España dividida que heredamos, para legarla, problemáticamente junta, a nuestros herederos». López Aranguren ("A propósito de nuestra generación", Revista, 7-III-1953; Crítica y meditación, 1957).

«Hágame caso, no se meta en política». Francisco Franco (atribuido, c 1954).

«Las mujeres españolas soportan la carga de su pobre nación, y apenas se quejan. Afrontando dificultades imposibles, administran la rutina de millones de familias desposeídas, hambrientas e ignorantes; más aún, solo por la abnegada presencia de las mujeres españolas, los sórdidos lugares que alojan a estas familias pueden llamarse hogares». Richard Wright (España pagana, 1954; ed. 1955).

«Muchos de los que fuimos vencedores nos sentimos vencidos». Dionisio Ridruejo ("Diálogo con Dionisio Ridruejo", La Bohemia, La Habana, marzo 1957). 

«La suprema aspiración de un muerto civil es la de hacer fecunda su forzada ociosidad». Vicente Rojo (Platillos voladores, 1957-1966; obra inédita).

«Nadie es profeta en su tierra; por eso lo es el desterrado». Gaos (1959. Aforística inédita, 1948-1969; ed. 2001). 

«Los obstáculos que impiden la reconciliación de los españoles deben ser eliminados. Nosotros pensamos que un paso muy necesario y eficaz en ese camino sería la amnistía general para todos los presos políticos y los exiliados». (Escrito dirigido al ministro de Justicia, firmado por Pidal, Marañón, Aleixandre, Laín, Dámaso Alonso, Cela, Aranguren, Ridruejo. Abril, 1959).

«Cuando vuelvo a España después de una de mis frecuentes ausencias, todo me causa buena impresión: el cielo, el paisaje, las ciudades, la gente; todo, hasta que abro un periódico». Julián Marías ("El Español", Atlantic Monthly, 1961; Ser español, 1987).

«España ha tenido ya dos dictadores —Primo de Rivera, Franco—, y eso es muy grave. Porque el primero puede aparecer en cualquier lugar, pero el segundo es preciso haberlo querido». Eugenio Montale (Entrevista, 1962).

«De todas las historias de la Historia / sin duda la más triste es la de España, / porque termina mal». Gil de Biedma ("Apología y petición", 1962; Moralidades, 1966).

«Es el tacto el más elemental medio de información. La más cierta noticia nos viene aplicando los dedos a la llaga». José Val del Omar ("Palpicolor", 1963; Escritos de técnica, poética y mística, 2010).

«Antes de hacerse castellana / el alma debe aprender catalán / dentro de un cuerpo andaluz». Pier Paolo Pasolini ("Negociaciones con Franco", Poesia in forma di rosa, 1964).

«El coche, el avión y el transistor: con la llegada de esta trinidad puede datarse la desaparición de los últimos vestigios del Paraíso terrenal». Emile Cioran (Cuaderno de Talamanca, Ibiza, 1966).

«Inglaterra carece de autoridad para ponerle peros al régimen [franquista] en el asunto de Gibraltar, pues fue Inglaterra la que, junto a Estados Unidos, levantó el embargo impuesto al régimen por Naciones Unidas. ... Por tanto, echar mano del totalitarismo del régimen para negarse a devolverle a España lo que le pertenece, no resulta muy convincente». Madariaga (The Tablet, Londres, 8-VI-1968).

«Tal como están las cosas, ser catalán, hoy en día, no pasa de ser una simple hipótesis». Fuster (Proposiciones deshonestas, 1968).

«En la Barcelona de finales del XIX solo pasaron cuatro años entre el primer atentado, sin víctimas, contra un general, y las bombas Orsini lanzadas contra el patio de butacas del Liceo y los participantes en una procesión, que los provocaron por decenas. ETA logró asesinar en 1973 al almirante Carrero. El crimen se justificó por su responsabilidad personal en la represión y el papel que tenía asignado en la continuidad del franquismo. Pero nueve meses después ETA colocó una bomba en una cafetería provocando la muerte de doce civiles». Patxo Unzueta ("¿Tiene causas el terrorismo?", El País 10.000, 18-X-2004).

«La filosofía tiene que estar viva. ¿Lo ha estado alguna vez en España? ¿O, para estarlo, ha tenido que pasar por la hoguera, ha tenido que quemarse? ¿Y el pensamiento? ¿Cuál ha sido la suerte del pensamiento en España? Abstenerse, quedarse quietecito, no meterse en nada y, al hacerlo, rozar la traición y, sobre todo, la tradición». María Zambrano ("Un liberal", Diario 16, 19-V-1987).

 

7. PENÚLTIMAS PERPLEJIDADES

«Detesto la llegada del Guernica, fin de una pesadilla de cuarenta y dos años y comienzo de otra». / «Detesto el final de la transición sellada artísticamente por la puntilla y el descabello del Guernica». / «Odio el premio podrido del Guernica concedido a los españoles por sus méritos en las oposiciones de ingreso a la democracia». Antonio Saura (Contra el Guernica, 1981; ed. 2009).

«Vecinos de Madrid: Hemos de estar en extremo contentos y satisfechos por el hecho de que Madrid se haya convertido en la fábula de Europa. Voces extranjeras la llaman la capital de la alegría y el contento. Nada puede producirnos mayor gozo, siempre ajeno a cualquier soberbia o vanidad, porque titular así nuestra ciudad significa que es acogedora, cordial, libre, apacible y universal». Tierno Galván (Bando Municipal, 9 de mayo de 1985).

«La conmoción es real. Tras cerca de cincuenta años de represión, las artes vuelven a la vida. ... El resultado es un renacimiento cultural que España no había vivido desde que Picasso y Buñuel se marcharon a París en la primera parte del siglo. ... "Ha tenido lugar un cambio cultural profundo —señala Javier Solana, ministro de Cultura—. Comparado con cualquier ambiente cultural, España es, actualmente, el más joven, vivo y activo país de Europa"». Newsweek, agosto 1985.

«La España de hoy es sin duda uno de los modelos de sociedad posmoderna, donde el carácter social parece poder brindarse también como chance de emancipación. ... Durante los últimos años, España, mucho más que París o Londres, y hasta puede que Nueva York, ha sido efectivamente el lugar ideal donde se han dado cita todas las aventuras intelectuales de Occidente». Gianni Vattimo (La sociedad transparente, 1990).

«Los años 1980 han sido los más cruciales de la historia de España, y posiblemente no habrá otros iguales. Es presumible que nuestro país se diluya en un mundo internacional. La última explosión de lo español han sido los ochenta». Borja Casani (16-V-1990. Solo se vive una vez. Esplendor y ruina de la movida madrileña, 1991).

«Ese periodo que se llama Transición es absolutamente insólito. El hecho de que aquellos años transcurrieran de manera tan saludable, rica y entusiasta permitía pensar que no éramos una generación del todo inútil. Pero cuando poco después todo se vino abajo, resulta inevitable pensar que algo se ha hecho mal. Todo ha terminado en un negocio, en un gran negocio». Pilar Miró («La vuelta al orden. Un adiós al siglo XX». El Europeo, 1997).

«Hemos cambiado una primogenitura fascinante por una moneda pequeña. Hubiéramos sido los legítimos herederos de un experimento glorioso, y lo hemos empeñado a cambio del éxito momentáneo, de la más mezquina parcela de poder y de aquellos estúpidos e ilusorios quince minutos de fama». José Luis Brea («La vuelta al orden. Un adiós al siglo XX». El Europeo, 1997).

«No estoy seguro de lo que es una nación, pero sí de lo que es una nación moderna: la que cae en la cuenta de que ninguna otra nación hará la investigación científica por ella». Jorge Wagensberg (Si la naturaleza es la respuesta, ¿cuál era la pregunta?, 2002). 

«Aquel 11 de marzo [2004] amaneció un Madrid aturdido de muertes. ... Al ver los trenes desgarrados pensé en otros trenes conducidos por otros hombres que llevaron su pasaje al exterminio. El mal no se apacigua, rebrota con otros dioses, pero reclama siempre más víctimas». M. R. Barnatán (Naipes marcados, 2010).

«Entre 1986 y 2006 se construyó en España tanto como lo que se había construido entre el Neolítico y la primera de esas fechas. ... Hablamos del líder europeo en viviendas vacías o infrautilizadas, viviendas desocupadas y personas sin vivienda». Carlos Taibo (España, un gran país, 2012).

«El éxito del género documental, en todas sus variantes, viene de la extendida sensación de que vivimos en una inmensa nube de ficción en la que cada vez es más difícil reconocer la realidad». Josep Ramoneda (Contra la indiferencia, 2010). 

«Mi generación fue la primera que salió de la universidad con una carrera y no encontró trabajo. Aunque ahora es peor, porque entonces existía la sensación de que íbamos a salir de aquello, pero ahora tenemos la impresión de que no vamos a salir, y de que si alguna vez estuvimos mejor fue solo en apariencia. Seguimos en la misma crisis desde 1973». Patricia Godes (El País, 31-XII-2013).

«¿Qué dónde se ha ocultado la esperanza? En la etimología de "desesperación"». Sánchez Ferlosio (Campo de retamas. Pecios completos, 2015).

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