#1 Nos hemos ido


Nos hemos ido representa un sentimiento, una necesidad. Nace de un impulso en contra de lo impuesto, del poder más tirano, de ese suave, semidulce, que nos mece, nos embauca, el que no deja rastro y no permite ver que poco a poco nos va quitando la autonomía. Los que nos hemos ido, hemos vagado y seguimos vagando entre la intranquilidad y el prejuicio de los que quieren quedarse porque han sido ellos los que han construido el orden, los que no quieren ver atisbo de cambio. Julio Cortázar, amante del escapismo, aseguró que “lo cierto es irse” porque “quedarse es ya la mentira, la construcción, las paredes que parcelan el espacio sin anularlo”. Lo cierto es irse, transitando caminos, procurando un espacio común para que nadie más tenga que marcharse.



El francés Marcel Prévost dijo que “el hallazgo afortunado de un buen libro puede cambiar el destino de un alma”. Sin embargo, para ser sinceros, este encuentro con un conjunto de páginas bien escritas y encuadernadas que nos haga ver a todas luces y dialogar con nosotros, con un autor, o con nuestros antepasados, es cada día más complicado. Habitamos en el eterno bucle del desenfreno, del estrés laboral, del ruido, de la rapidez e inmediatez, y estamos rodeados de pantallas que nos trasladan a otros mundos sin esfuerzo y, si queremos, hasta sin ninguna reflexión de por medio. Conseguir un momento para agarrar un libro y disfrutarlo, si se tiene la capacidad, es tan irrealizable que constituye todo un acto heroico en sí y casi un acontecimiento revolucionario.
La objeción de conciencia a los gastos militares del Estado u Objeción Fiscal al gasto militar es un acto de desobediencia civil: es la negación a colaborar con el Estado en la preparación de las guerras mediante el mantenimiento del ejército y toda la estructura militar que lo envuelve. Es un acto de desobediencia activa que se materializa en el momento de realizar la declaración de la renta.
Nací en una familia de clase media a mediados de los años ochenta. Por entonces, mis padres no participaban de ningún acto religioso salvo los obligatorios por razones familiares o sociales. Estaban casados por la Iglesia y cuando llegué al mundo decidieron bautizarme, imagino que porque era lo que tocaba y por evitar un disgusto a las abuelas. Por lo tanto, puedo decir que fueron ellos quienes asumieron por mí la adscripción al club más antiguo del mundo; ejercieron por mí mi derecho a profesar un credo.
Bienvenidos al caos aparente del amor, donde el esfuerzo requerido es proporcional a lo perdidas que nos encontramos, pues háganse a la idea de que quienes escriben, hasta hace dos meses desconocían el asunto. Por casualidad nos topamos con términos como “relación abierta”, “poliamor”, “anarquía relacional”, “ética promiscua”, “libertad sentimental” o “crianza alternativa de los hijos”, que pasaron de ser completos desconocidos a temas habituales de conversación.
Hace ya días un veterano de la aviación española, antes del inesperado giro que tomó más tarde la catástrofe de Germanwings, sugería que los últimos accidentes aéreos obedecían con frecuencia a una misma tipología: la velocidad de crucero del aparato, el abandono del control manual de la aeronave a la implementación tecnológica, y un cambio brusco en las condiciones externas que hace imposible que los pilotos puedan ser capaces de recuperar el control de la aeronave. Este mismo experto reconocía también que la capacidad de control manual de la actual generación de pilotos es preocupantemente baja, fenómeno que nos resulta familiar.
Semen. Desciende en la pantalla de un Macintosh, Madrid. Se fueron los dos al mismo tiempo. Orgasmo simultáneo, pixelado. Y un pesado mar de dudas. El arrepentimiento olfatea desde la puerta, no sabe si entrar o darse media vuelta, como un paso de Semana Santa. Al otro lado de la pantalla, un joven desgarbado limpia su pantalla de un Macintosh, Brooklyn, NYC. El semen de Brooklyn se cuela en Madrid. El joven desgarbado sonríe a la cámara con complicidad. Se marcan, los músculos, se intuyen. Detrás de él, una ventana deja entrever algo parecido a Manhattan. Los calzoncillos del joven acarician la pantalla, roban el semen.

Pages