#4 Silencio, Armonía, Estruendo


En Istmos le rendimos nuestro particular homenaje al sonido con una cadena de tres palabras: Estruendo, Armonía y Silencio, que lanzamos al aire para que cualquiera pueda interpretarlas de las maneras más variopintas. Partimos del sonido para expresar sensaciones, sentimientos e ideas que se transformarán en un texto, un baile, una melodía, un dibujo, una sucesión de imágenes… Nada está predeterminado y todo experimento es bienvenido en este nuevo viaje. Que empiece el juego, ¿te animas?


Quizá sea de un músico de quien más concreción y tecnicismo se espera a la hora de definir estos tres términos. Pero los he experimentado y sentido de formas tan diversas, que casi me sucede todo lo contrario: hablar de estos tres pesos pesados, hermanos y rivales, dependientes y a la vez excluyentes, me produce vértigo. Así que si lo que espera el lector es una definición en la que imperen clarividencia y frialdad, le diré que puedo contar por decenas las veces que de boca de profesores, compositores y directores escuché un “el silencio también es música”. Empezamos mal.
¿Cómo va el verano? Istmos ha viajado por el mundo entero para saber cómo suenan las palabras de nuestro número –Silencio, Armonía y Estruendo– en diferentes lenguas, y este es el resultado. ¿Cuántas de ellas sois capaces de identificar? Estas son, por orden de aparición y para que las podáis identificar, las lenguas que suenan: castellano, árabe, ruso, coreano, portugués, búlgaro, inglés, chino, italiano, húngaro,francés, japonés, rumano, inglés.
En la composición musical el Estruendo, la Armonía y el Silencio son tres aspectos fundamentales. Voy a añadir la melodía por el binomio que forma con la armonía y, porque realmente, es lo que toda persona recuerda después de escuchar música. Empecemos por la armonía. Técnicamente es el estudio y práctica de los acordes y sus relaciones dentro de la música tonal, es decir, en la base vertical, que se complementa con la melodía, que es la base horizontal. Incluso en una canción para voz sola, la melodía debe fundamentarse en una armonía rica para resultar interesante, eso sí, sin recargar la armonía y buscando equilibrio. Al componer se puede comenzar por un esquema armónico sobre el cual construir la melodía, o empezar por ella y dejar que sea ésta quien te sugiera la armonía, pero, en ocasiones, se cambia lo preconcebido en favor de la musicalidad del conjunto.
El baile es acaso una manera de expresión, una conjunción de movimientos corporales, una vía de salida de fuerzas que nacen de lo más profundo del ser humano. Para muchos un placer, para otros una necesidad. Hay que dejar que nazca, que surja, que brote, que salga para que después acontezca lo inaudito.“Baila primero, piensa después. Es el orden natural” (Samuel Becket) y, sobre todo, recuerda que tienes cuerpo, que esas manos y esos pies son sólo tuyos, que hay movimientos que nunca habías imaginado, pero que puedes realizar. Siente el contacto del aire con tu piel, el ritmo de la música -real o imaginaria- que provoca sensaciones acompañadas de tu pulso. Las posibilidades son infinitas, el talento ni siquiera es necesario y la búsqueda trasciende lo meramente musical. No importa el lugar donde lo hagas, tampoco la técnica. La verdad es que todas necesitamos bailar de vez en cuando.
La musicalidad del cuerpo flamenco ha sido hasta la actualidad, sin lugar a dudas, la tarte à la crème de la investigación en danza focalizada en el baile. El cuerpo flamenco era presentado como un cuerpo lleno de ruido, cuyo estrujamiento interno daba lugar a una necesidad de exteriorización, incluso (o sobre todo) cuando no había música externa en la que apoyarse. Cuerpo-ruido y música-vómito en un espacio acústicamente neutro.
Leo el libro Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal (Mancuso, S., Viola, A. Colección Rústica, 2015), cuyo hilo argumental se basa en el menosprecio histórico por parte del ser humano hacia el mundo vegetal. Leo una definición del concepto de evolución que me hace pensar: “proceso lento y continuado de adaptación al entorno durante el cual los organismos vivos seleccionan las características más aptas para su supervivencia. Durante este proceso, cada especie adquiere o pierde caracteres y capacidades en función del hábitat en el que vive”. Y pienso: ¿qué capacidades estaremos perdiendo los humanos occidentales para ir adaptándonos al mundo actual? ¿Es posible que estemos perdiendo la capacidad de auto contemplación, la capacidad de estar en silencio y la capacidad de parar y estar solos? ¿O son hechos voluntarios?
Como si dejara de llover, después de veinte años. Silencio, qué presencia arrojas. Qué apostura. Silencio. Eterno. Sutil. Como si supieras cómo hacerlo, tu momento. Protagonista. Sólo tú, silencio, solo. ¿Cuál es el volumen del silencio? Porque cuando entra, parece que se derriten las paredes, desaparecen. Porque tras ellas, una brisa de sol blanca ilumina. El silencio, a veces, brilla. Deslumbra los ojos que lo miran, que no quieren mirarlo. ¿Has mirado alguna vez el silencio? ¡Míralo! Brilla. Como un deseo. Como ojos humanos, todavía. Cuando el corazón deja de latir, las máquinas se desenchufan. El corazón para, de temblar, de moverse, y se acurruca en un pesebre de vísceras y recuerdos. Duerme el corazón, y los pulmones encharcados, se vuelven fríos. Como el neón, brilla. Y el agua deja de subir y de bajar. El constante burbujeo se aleja. Y las máquinas se desenchufan. Y las manos cambian de color, y los brazos cambian de color. Y el corazón, acurrucado, sonríe, se expande, adiós.
Nuestro territorio está plagado de lenguas que la historia ha ido dejando a su paso y, aunque desconocemos a menudo el sonido o incluso la existencia de algunas, resuenan desde tiempos inmemorables en los rincones de nuestra península. Unas están casi olvidadas, en peligro de extinción, mientras que las otras destellan con fuerza y luchan por su dignidad y la memoria oral y escrita de sus pueblos.

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